Secciones
domingo, 28 de diciembre de 2025
Barry Lyndon
El mes de Dionisos
sábado, 20 de diciembre de 2025
Tristeza
jueves, 11 de diciembre de 2025
"La sociedad narcisista: todos escriben, nadie lee" por Ángel L. Fernández Recuero
martes, 2 de diciembre de 2025
Quiero llamarla
Introspección
sábado, 29 de noviembre de 2025
El destino
lunes, 24 de noviembre de 2025
El mundo de ayer
La sangre helada
lunes, 27 de octubre de 2025
Me falta
La echo de menos, especialmente cuando algo me sale muy bien, cuando me felicitan por algún asunto. Ella se alegraba más que yo, era así de desprendida, así me quería, y, en su momento, no supe apreciarlo lo suficiente. Ahora, cuando algo me sale muy bien (pocas veces), la espero, todavía. Me falta su abrazo. ¡Mierda! Soy un miserable.
lunes, 20 de octubre de 2025
El vértigo del tiempo
domingo, 5 de octubre de 2025
Maribel
jueves, 2 de octubre de 2025
Rigor histórico
martes, 9 de septiembre de 2025
La enfermedad
La enfermedad te convierte en un ser distinto: acabado, vulnerable, reflexivo, triste, apático. A la debilidad física se une la obsesión de que queda poco, acecha la inevitable mortalidad (memento mori). Vas abandonándolo todo: el movimiento, la alegría, el deseo de vivir, las ganas de levantarte de la cama. La enfermedad te somete al silencio, a la soledad más absoluta. Prefieres sufrirla sin compañía, previendo que ese purgatorio te conducirá a la inexistencia. La comida, el baile, la conversación, la juerga, la lectura, hacer el amor, la curiosidad..., todo se va arrumbando porque las fuerzas no acompañan y porque la mente solo se alimenta de pensamientos sombríos. El enfermo es el licenciado Vidriera, teme quebrarse en cualquier momento, desprecia todo lo que ha sido y le espanta el mundo que lo rodea. Taciturno y gris, así te ves, sin ánimo para seguir en la brecha. Suenan las campanas. El dolor crece, las sombras se ciernen sobre tu persona, se adueñan del horizonte.
lunes, 8 de septiembre de 2025
Diarios, 7/09/25
Son más de tres años en este plan: salgo de casa para escapar de casa y de la escritura, me refugio en los bares (solo) y vuelvo al rincón donde habito (más solo). Antes, este panorama me tenía medio deprimido, asustado (he sido siempre un ser bastante social, para lo bueno y para lo peor). Lo curioso es que últimamente casi me recreo en esa mesa de uno. Porque lo que en un principio añoraba y me hacía suspirar: las parejas, los grupos, los rituales sociales, cada vez me resultan más ajenos. Donde antes solo veía desgracia, ahora es una oportunidad para no sufrir gritos de niños, discusiones absurdas y conversaciones inanes. Leí esta cita el otro día y aunque no me la aplico del todo (porque me queda ancha), me ha inspirado esta entrada: "Mi fuerza es la independencia; mi tributo la soledad".









