domingo, 29 de enero de 2023

Shakespeare, Cervantes, Lope y las redes sociales

Una cuestión que me ha surgido cuando estaba viendo una serie: ¿Por qué antes de que existieran las redes sociales y las plataformas de series y películas no se escribían novelas, poemarios y obras de teatro a cascoporro. No sé, a mí solo me quedan dos horas al día para escribir, entre mierdas de Facebook, Netflix, Filmin y otras gilipolleces. Si yo no tuviera la necesidad de ver series y películas sin parar, de comentar las últimas imbecilidades en Facebook y de compartir alguna foto idiota en Instagram, tendría tanto tiempo para escribir que mis novelas tendrían mil quinientas páginas y no doscientas. Si tuviera el genio de Cervantes o de Shakespeare, no habría escrito un Quijote y algunas obras de teatro, no, habría llenado el mundo de manuscritos y los escenarios y las linotipias no habrían dado a basto. El único que me cuadra en esta composición de lugar es Lope, ese sí. Es el único que aprovechó el tiempo a conciencia, yo no sé si el resto, desde él hasta el siglo XXI, no se han tocado los cojones a dos manos y nos han dado por casualidad alguna obrilla que les ha salido en un momento de pereza. Seguro que sí.  

jueves, 19 de enero de 2023

Los jóvenes amantes



Andar, andar, andar tan rápido como uno pueda, como Buster Keaton perseguido por una locomotora, como Charlot delante de los guardias. Andar, andar muy rápido, para llegar a tiempo a la Filmoteca, para ver a Fanny Ardant, a la diosa, a esa mujer extraordinaria. Para disfrutar de lo mejor del cine francés, para derretirse con una musa de setenta años que te cautiva como una muchacha de veinte. Andar, andar muy rápido, trastabillándote en la acera, en el hielo del suelo, soportando el cierzo de la Mancha. Andar para refugiarse en el cine, en el cine de siempre, para dejarse acariciar por la ficción, por una historia romántica, de siempre, con diálogos vigorosos, de compacto argumento, de escenas líricas, sencillas. Andar para disfrutar de lo mejor del cine francés, "Los jóvenes amantes", deliciosa película, donde Fanny Ardant te devora con la mirada y la sonrisa triste de la Gioconda.  

miércoles, 18 de enero de 2023

Los barrios del extrarradio

Los barrios de casi pijos están plagados de perros de raza, gente corriendo con ropa del Decathlon y grúas, muchas grúas. Además, siempre hay cerca un gran centro comercial donde se puede comprar de todo, hasta armas de fuego -también está "La casa de las carcasas"-. En estos barrios viven muchos profesores, lo sé porque yo soy uno de ellos. Los bares suelen ser franquicias muy modernas. Camareras con cara de perro, malas formas y camareros desafiantes -los turnos interminables y los sueldos que cobran no dan para más-. Cuando paseas por estos barrios no tienes sensación de peligro, bueno, si no tenemos en cuenta el momento en el que te cruzas con un rottweiller o cuando atraviesas un paso de cebra sin semáforo. Hay que tener en cuenta que algunos conductores no son tan educados como los que vivimos en estos barrios y pueden arramblar sin reparos con un transeúnte que confíe demasiado en las franjas blancas del paso de peatones. Dentro de las casas donde viven (vivimos) los casi pijos de estos barrios, Audrey Hepburn y Nueva York suelen presidir las paredes (aunque estés en Albacete): en el salón comedor, en el altillo, hasta en la cocina. También podemos encontrarnos con habitáculos muy modernos pero poco prácticos con techos bajísimos en los que puedes romperte la crisma con mucha facilidad (yo ya cuento tres escalabraduras contra estos ingenios de la arquitectura). Eso sí, dentro de casa se oyen muy pocos ruidos, como si la gente que habitara en estas fincas estuviera muerta o casi. Es el paraíso para el hombre tranquilo, para el amante del campo y del sosiego. Os puedo asegurar que hay más escándalo en cualquier caserío en medio del monte que en estos lugares. Si sales un domingo, cuando el centro comercial cierra, ten cuidado, podrías pensar que acaba de caer una bomba atómica o que ha vuelto la pandemia.      

martes, 17 de enero de 2023

A pachas con Rosa Montero

Ayer escuché a Rosa Montero en la radio. Habló entre otras cosas de la desorientación que le produjo la pérdida de su pareja y confesó que el duelo le duró dos años. Antes fue incapaz de retomar su antigua vida. Yo no sé si me costará dos años recuperarme, pero tengo claro que no quiero volver a mi antigua vida, porque esa está arruinada. Desde el primer momento en que sufrí la pérdida de mi compañera, supe que no había opción: o me reconstruía prácticamente de cero (con la dificultad que supone hacerlo con cierta edad) o me sumía en el desánimo y en la abulia más absoluta. Empujado por los consejos de mi hija, me mudé de ciudad y he intentado, en estos primeros seis meses de dolor y desconcierto, recolocarme, tejer una nueva red de relaciones y hábitos que tenía casi olvidados. No me está yendo mal. He aceptado ya que cuando pierdes a la persona amada que te acompañaba a todos sitios, esta siempre estará contigo, siempre habitará tus pensamientos, en mayor o menor medida. 

Oigo ahora voces y leo libros con una mirada alterada, viciada por la hipersensibilidad de la muerte. La realidad en la que vivo es otra y las sensaciones son muy distintas a las que tenía antes de la pérdida. He intentado en estos primeros meses salir, socializarme en espacios desconocidos, ver cine, teatro, hasta conciertos de música. Lo hago por inercia, por intuición, por no estar conmigo mismo a solas (algo que antes buscaba insistentemente), aunque poco a poco voy recuperando el hábito de sentarme ante el ordenador a escribir en serio (la vanidad del ser humano es infinita, hasta en los trances más extremos). Aún tengo embotada la inclinación a la ironía y al sarcasmo, con las que tanto disfrutaba. Ahora la cabeza me pide realidad, sencillez, confesión (sin cura, por supuesto). 

Identificarme con Rosa Montero me ha costado poco, porque es una autora con la que siempre estoy de acuerdo ideológicamente, pese a que nunca me haya gustado su estilo literario. Utilizo artículos suyos en las clases de Lengua, a pesar de que no tenga muy buena opinión de sus novelas. Aún así, leeré la última, por delicadeza, por ese esfuerzo generoso que solemos conceder a las personas que nos caen bien.  

Me voy al cine.

lunes, 9 de enero de 2023

"Los chicos del PREU"



Dado que últimamente las redes son propicias a los críticos de cine prêt a porter, voy a animarme. Hay que agradecer a Castilla La Mancha Televisión la oportunidad de poder disfrutar lo mejor del cine español del siglo XX. La semana pasada, a pesar de los compromisos, estuve viendo Los chicos del PREU, un paradigma olvidado del neorrealismo español de los años 60. Nada que envidiar a Ladrón de bicicletas o a Roma, ciudad abierta, en absoluto, no pongamos palos en las ruedas a nuestra excelencia cinematográfica. En Los chicos del PREU se retrata a una juventud sana, guapetona, bien vestida, limpia, nada que ver con las fotos de la misma época de Cristina García Rodero (a saber dónde fue para sacarlas). Los chicos preuniversitarios de los sesenta estaban ya bien granados, posiblemente por haber repetido una y otra vez, vestían como los Hombres G, no se masturbaban (ni siquiera hablaban de ello) y cuando se besaban no se comían la boca, como mucho se acercaban los labios bien apretados. Era gente de familia bien, alguno de ellos incluso hijo de un catedrático, que, con toda decencia, suspende a su vástago y luego lo abraza. Perdonad que me quedara con poca cosa más de la película, pero es que me estaba friendo un huevo y la última vez que lo hice el aceite hirviendo me abrasó el dedo. Fue un episodio que ya conté por estos lares, pero bueno, a lo que íbamos, a la crítica sesuda de la película. Es un retrato fiel de la juventud (más o menos) española de los sesenta: próspera, culta, libre y grande. Creo que una de las chicas se queda ciega o algo así, no sé. También hay que reivindicar que Karina era nuestra Anna Magnani y Emilio Gutiérrez Caba nuestro Vittorio Gassman. Después volví a ver Amor de Haneke, vaya cuerpo se me puso. Sí, son como razas de cineastas diferentes. Se me ha olvidado citar a directores desconocidos y a películas de Irán, que siempre quedan bien en una crítica, pero ya lo haré en otra ocasión, os lo prometo.