Secciones
viernes, 3 de abril de 2026
Trabajar cansa
Adolescencia
martes, 24 de marzo de 2026
Procesiones de mujeres
Me parece muy coherente la razón que han dado los cofrades de Sagunto a las chicas que pretendían participar en el desfile de Semana Santa. Vamos a ver, las procesiones, que yo sepa, están dirigidas por la Iglesia católica y, que yo sepa, esta institución, secta o lo que sea, está regida por una serie de normas absolutamente machistas. En todas ellas, el hombre es el que dirige el cotarro (véase el Vaticano y su curia). La Iglesia propone desde sus más altas instancias que la mujer está por debajo del hombre, que está a su servicio. Es un hombre el que debe confesar a los fieles, es un hombre el que rige la Iglesia, es un hombre el que imparte el sermón en misa, son los cardenales (hombres) los que deciden cómo se debe regir el imperio católico, son los hombres los que deciden qué hacer y qué no hacer en la sociedad a tenor de lo que se vaya reglando. Las mujeres están en su nómina de adorno. Si todo esto en esta institución es así, por qué os escandalizáis porque se prohíba a las mujeres salir de procesión con los hombres, es de lo más lógico.
Lo que a mí me choca y mucho es que las mujeres sigan rindiendo pleitesía a esta institución, que sigan insistiendo en participar de sus ritos (cuando está claro que ellos las quieren a su servicio, no como compañeras), que casi rueguen porque las incluyan en sus nóminas, en sus rituales, en sus gilipolleces. Mandadlos a tomar por culo de una vez. Fundad vuestra propia Iglesia. Dejad de implorar que os incluyan en sus celebraciones. No paséis por el aro, no juguéis a su juego de poder. Que se vayan a la mierda. Hay una procesión más antigua que las suyas, la de Eleusis, (y mucho más divertida) a la que podéis acudir por si no tenéis referentes.
Trump y Shakespeare
Uno de los valores más misteriosos de las obras de Shakespeare es el hecho de que ninguna respete el decoro y, a pesar de eso, sus personajes sean absolutamente verosímiles. Los reyes de Shakespeare: Lear, Hamlet, Macbeth, Enrique V, Ricardo III..., todos, hablan con un lenguaje elevado, maravilloso, épico, excelso. Y por esa misma ocasión, yo no puedo creer que la mayoría de esos menguados supieran utilizar las palabras de esa manera tan hábil. No puedo creer que un cobarde, pusilánime, como el príncipe Hamlet pudiera elaborar un discurso tan magnífico como el de "ser o no ser". No se me pasa por la cabeza pensar que alguien tan alejado del sentido común como Enrique V construyera discursos tan acertados como los que elabora el bardo de Stratford. No, no puedo imaginar tampoco a una mujer cruel, ambiciosa y descarnada como Lady Macbeth, amasando un monólogo magnífico para justificar su crueldad y su ambición desmedida. Sería como si, en la actualidad, a alguien se le ocurriera adornar con literatura los desvariados hechos de un menguado, de un psicópata como Trump.
Cuantos más desvariados, desviados y obtusos son los poderosos, de mejores discursos los dota Shakespeare. El autor inglés es capaz de convertir a un borracho libertino como Falstaff en un hombre muy, muy sabio o en un filósofo admirable al bufón de Lear. Sabe, a través de sus diálogos, crear reyes maravillosos que, sin embargo, según sus hechos, son deleznables. Shakespeare casi establece que, cuanto peores son los efectos que produce el poder, mejor hay que mostrarlos en la forma. Los versos que dibujan a Enrique V o a Macbeth o a Lear o a Tito Andrónico, deben ser más perfectos cuanto más pérfidas sean sus acciones.
Ojalá y Shakespeare viviera todavía. Encontraría en Trump un vertedero de poder tan fuera de lo verosímil que construiría la más grande y maravillosa trama que se hubiera escrito sobre la faz de la Tierra. No creo que podamos encontrar en la historia un ser tan abyecto, absurdo e ignorante como este pazguato. Me imagino a los personajes de Shakespeare sin pizca de raciocinio a pesar de su deslumbrante discurso, esa es la virtud del bardo, hacer sublime la realidad de unos hombres mediocres. Hasta Marco Antonio me parece idiota, a pesar del peso mayúsculo de su discurso ante el cadáver de Julio César. Imaginad que Shakespeare hubiera conocido un imbécil como el presidente norteamericano. Habría construido la más maravillosa obra dramática nunca jamás elaborada. Un idiota de ese calibre es difícil encontrarlo incluso entre los reyes. Materia shakespiriana en esencia. Detritus andronicus.
sábado, 21 de marzo de 2026
Tareas de un ama de casa
"Despertarse sin una mujer al lado" por Manuel Vicent
sábado, 14 de marzo de 2026
Roma y una canción
A la orilla del Tíber escuchamos esta canción cuyo título no recuerdo. Andábamos enfurruñados, no sé por qué. No sabes cómo me arrepiento de haber desperdiciado momentos así por las idioteces de la convivencia. No consigo ni siquiera el grupo que la interpretaba. Hoy, tampoco. No es igual oírla en un pub de Albacete, casi vacío, que a las orillas del Tíber, acompañado por la Roma acongojante y por ti. No, no es lo mismo. La canción no suena igual, el mundo suena distinto. Y, sin embargo, la melodía une el pasado con el presente, lo grapa, le pone un clip atemporal. La música nos vuelve eternos, a pesar del prosaísmo miserable de la vida.
miércoles, 4 de marzo de 2026
"La beneficiosa ligereza del ser" por Francisco J. Tapiador
Isabelle Huppert
sábado, 28 de febrero de 2026
Sade
martes, 24 de febrero de 2026
Descompresión
Me lo dijeron o lo leí, no estoy seguro. Me lo dijeron: uno, cuando llega a cierta edad, comienza a desconectar de todo y de todos, comienza a sentirse poco a poco aislado en un mundo de extraños. Me lo dijeron y lo estoy constatando de forma palpable. Es más, no ha sido un proceso progresivo, ese "poco a poco", se ha convertido en un desgarro visceral bastante violento y repentino. Lo noto en cualquiera de las labores cotidianas: en la literatura, en las clases, en el cine, en el trato con mis compañeros de trabajo, en mi relación con amigos.
Un ejemplo muy evidente. Leo críticas cinematográficas sobre algunas de las últimas películas españolas y veo que coinciden con su candidatura a premios importantes. La mayoría de ellas dicen justo lo contrario de la impresión que tuve al verlas. Tres de las películas propuestas para los Goya y bien recibidas por la crítica, me parecen no solo malas, sino tomaduras de pelo en toda regla: dos por pretenciosas y caótica narratividad; la otra, por la ridiculez de su humor y sus lastimosas interpretaciones. En cambio, hay una película que ha sido machacada de manera inmisericorde, de tal forma, que, al verla, después de haber oído toda clase de denuestos contra ella, salí perplejo porque me pareció bastante aceptable. No es una magnífica película, pero al lado de las otras tres, Ciudadano Kane.
A veces he discrepado respecto a la opinión de algún crítico o de algunos lectores o espectadores, pero no hasta el punto de que lo que me ha parecido plenamente ridículo e infumable, se valore hasta de excelencia. Sin duda, estoy fuera de órbita, ya no sé dónde tengo el culo ni las témporas, es evidente. Estoy en plena descompresión y lo veo todo distorsionado y confuso, como si me hubieran quitado la escafandra en mitad del espacio. O eso o me he pasado con el LSD.
"La doble vida del infame señor don Hamlet" por Juanjo M. Jambrina
miércoles, 18 de febrero de 2026
Momias
domingo, 15 de febrero de 2026
Trinakria
Tres mujeres sicilianas. El pelo liso, por la cintura. Negro intenso. Los ojos enormes, rasgados, quizás con demasiado maquillaje. A la manera egipcia.
Una ríe junto a sus amigas, unos 17. La boca fresca; de labios mullidos. La mirada franca y generosa, satisfecha de su juventud recién estrenada. Sorbe un batido y se le encienden las pupilas, brilla el negro y blanco de sus ojos. Nada podría alterar tanta belleza, ni siquiera el Inter Juve que la gente del bar sigue con fanatismo. Marca el Inter. Ella escucha, indiferente, majestuosa, a su compañera rubia, más joven, todavía más inexperta. La experiencia a esa edad se mide por meses.
A la mañana siguiente, otra siciliana moja el cruasán en el café latte. La misma melena de diosa africana, la misma almendra en los ojos, decorados a la egipcia. Su amigo, enfrente, no le presta la atención que merece. Mira el móvil. Son 24 años ya de pereza y costumbre. Ella habla, con un tono de terciopelo, que deja caer un centímetro de tristeza. La certeza de ir quedándose sola, mordisco a mordisco.
Afuera, en la calle, diluvia. Dentro de la pizzería, la siciliana de 30 años sienta a sus dos hijos a la mesa con sendos móviles que alivien su comida. El cabello, también por la cintura, azabache de Lorca. Los labios pálidos, la voz autoritaria, de madre apurada. Fija la vista en el infinito, alelada, abstraída. Una tristeza inmensa cae de sus pupilas, negras como la pez, destartalada. Creedme, conozco las miradas tristes, y esta está muy desgarrada. Llega el marido, resuelto, uniformado con chándal rojo, Adidas, y gorra calada hasta el nacimiento de las orejas. Sube el volumen de los móviles de sus hijos, besa en la coronilla a la mujer de la mirada perdida. Habla, habla y habla, a veces en un tono que supera al de los móviles. Ella calla y asiente. Pide cocacolas y patatines, apoya la mejilla en la palma de la mano y deja caer las piedras que salen de la boca del marido en una cesta de indiferencia, sin fondo, estéril, sin esperanza. Aúlla en silencio como un cachorro abandonado.
Azar: vemos un trío de música clásica, un trío. La violinista es la joven siciliana de 17 años, feliz, sin hombre, con el tono agudo de la expectativa abierta. El piano es la siciliana de 24 años, rotunda, pero apagada un tanto por el compromiso. El chelo es la siciliana de 30 años, grave; de tristeza insondable, con acordes de vieja. Briten, Fauré y Beethoven, tres, las partes de la Divina Comedia.
Más azar: en la bandera de Italia hay tres piernas de mujer, tres, que rodean la cabeza de la Gorgona, tres, en griego la Trinakria. 17, 24, 30.
Tres mujeres sicilianas, hermosas, de mirada inmensa, obsidiana y mármol, como los símbolos eternos.












