Cuando veo tus fotos, ahora sí, por fin puedo admirarte, con serenidad y sosiego. Descubro en mi mirada un hueco purulento, una herida incurable, que nunca dejará de sangrar. Echo de menos tocarte y aún más que me toques. El tacto es el sentido más lúbrico. Puedo verte, sí, pero no estás, no puedes palparme. Oigo tu voz, veo tu rostro, pero no siento el escalofrío de tus dedos serenando mi cabeza. Tampoco puedo saborearte, mojar mis labios con tu lengua lenitiva, ni oler tu cuello, tu vientre, tu sexo. Hay tantas ausencias en los sentidos que me veo tullido, amputado, piedra sólida, seca, inerte. He olvidado los placeres sensuales en el más allá del tiempo. Se secó la saliva, se evaporaron los aromas, ya no existe la piel ni sus escamas.
Secciones
Degollación de la rosa
(695)
Artículos
(456)
Crónicas desde la "indocencia"
(162)
Literatura Universal
(153)
Bachillerato
(143)
Eva
(99)
Libros
(63)
El Gambitero
(32)
Criaturas del Piripao
(27)
Torrente maldito
(27)
Te negarán la luz
(22)
Bilis
(19)
Fotomatón
(19)
La muerte en bermudas
(18)
Las mil y una noches
(15)
El teatro
(13)
Sintaxis
(13)
Las aventuras del joven Cervantes
(10)
XXI
(6)
Diario
(5)
Reliquias paganas
(3)
Farsa y salvas del Rey Campechano
(2)
Caballero Reynaldo
(1)
viernes, 13 de febrero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario