sábado, 27 de julio de 2019

Veranos viajeros: hoy, turismo de aventura por el interior de España



El turismo moderno está hecho para viajeros intrépidos a los que no les importa asomarse al abismo de la aventura. Al turista moderno no le hace falta otra cosa que un móvil para perderse en la maraña procelosa de lo desconocido y enfrentarse a los peligros de un país tan agreste como España. 
Viajamos a una ciudad del interior, donde no sabemos con qué tipo de peligros o alimañas nos podemos encontrar. Conectamos el móvil al coche para que nos indique cuál es la ruta más corta para llegar a nuestro destino: primer riesgo e importante, ya que nunca antes hemos visitado dicha ciudad y podemos aparecer en cualquier rincón desconocido de la geografía española, plagada de bandoleros y conejos.
Por suerte, después de tomar tres desvíos equivocados, llegamos a nuestro destino. Nos alojamos en un hotel que previamente habíamos reservado por internet, con el riesgo de que no exista o de que los empleados no tengan la FP de Hostelería y Turismo. 
El primer día exploramos la ciudad, en concreto el casco viejo. Buscamos en el móvil alguna ruta interesante. La encontramos, conectamos el GPS y seguimos al muñequito. Es muy complicado atender a las indicaciones del aparato y ver los edificios significativos del lugar, no obstante, hemos sido capaces de hacernos una foto en cada uno de los puntos marcados por la ruta del móvil. Y todo esto sin guía y ante el acecho de chinos y vendedores de rosas y bolsos, apasionante.
Es hora de comer y, para no dejarlo todo a la improvisación, buscamos en Trip Advisor la clasificación de los restaurantes de la zona. Elegimos el primero en la lista, volvemos a poner el GPS y el muñequito nos guía, aunque es difícil seguirlo. En un primer intento, vamos a parar a una era en donde un lugareño practica "tractoring". Rectificamos y llegamos al sitio indicado. Cerró hace dos años, por lo que tenemos que dirigirnos al segundo clasificado de la página. Exhaustos y faltos de líquidos, no reparamos en la carta ni en consultar otra aplicación del móvil. Entramos sin más, arriesgando el presupuesto y en cierta manera nuestros estómagos, pero el turismo de aventura hay que entenderlo así, amigos. Pedimos un arroz de marisco de "Paellador" (siempre es mejor lo malo conocido, no hay que caer en la temeridad) y un postre típico de la zona, tiramisú (nos arriesgamos). 
En la sobremesa, volvemos a consultar el móvil para ver qué podemos hacer hasta la hora de la cena. Descubrimos que hay un museo de Gigantes y Cabezudos y una exposición de cuadros con miga de pan de las amas de casa, no será el Prado, pero, seguro, mucho más excitantes. Si nos sobra tiempo, lo dedicaremos a contestar guásap y a actualizar nuestras redes sociales, siempre y cuando las actuaciones folclóricocallejeras del verano y los peligrosos vendedores de la ONCE nos dejen hacerlo. Aún nos quedarán unos minutos para colgarnos de una de las almenas del castillo y hacernos un selfi de impacto. Por la noche ni siquiera tendremos que buscar sitio para cenar, son los beneficios taponadores del "Paellador", además, habrá que recargar el móvil.  
No es turismo para todos, amigos, solo para los más arriesgados, lo sé, pero hay que salir de nuestra zona de confort de vez en cuando para empatizar con el espíritu de Frank de la Jungla.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario