En los sótanos de la catedral de San Sabino en Bari, se esconde una máquina del tiempo (además de un fresco reparador) que recorre varias épocas, desde los griegos, pasando por los romanos y con final no sé si tan feliz en la Edad Media. Un poco más arriba, cerca de la plaza más populosa, sin necesidad de adentrarse en el subsuelo, el turista puede gozar de la música más estridente de los 80 en un bar muy peculiar. Para disimular los desconchados de la pared todo está forrado de cajas de fruta vacías. Es un antro para hablar a voces y para disfrutar de los objetos perdidos (Antonio Pérez aquí habría flipado). Se sirven mojitos y en el mostrador frigorífico (o no tan frigorífico) se exponen tarros y piezas de chacinería de dudosa procedencia. Los mojitos, en cambio, se los rifa la chiquillería por la noche en la puerta del antro. Un bar muy palermitano.
"Il Trenino de la Felicitá" recorre una y otra vez las plazas de la ciudad vieja, cargado de turistas italianos y algún que otro despistado inglés. Estaría bien que "il trenino" bajara a los subsuelos y recorriera la romana vía Apia y pudieras encontrarte de paso con los depravados emperadores, con gladiadores, con Ovidio, con Mesalina, con Séneca... Como el tren de la bruja, pero clásico. Uno va imaginando todo esto cuando aparecen ante nosotros las columnas semiderruidas de un antiguo templo romano.
Entre veras y fantasías, alucinado por este calor pegajoso, desvarío y deformo el tiempo y los espacios. Esto no es alucinación, aunque lo parece: alguien va buscando a su paloma ("¿Hai visto la mia colomba?") y lo declara en carteles pegados en las paredes, con foto de la extraviada. Venimos de la catedral y suponemos que no será la Virgen quien ha puesto los carteles, aunque tampoco es descabellado.
No hay luchas de gladiadores, pero sí queda mundial. Vamos a verlo a otro antro, al otro lado de la vía. Fíate lo justo del GPS. Es un lugar oscuro, siniestro. Hay muchas televisiones, pero los jóvenes que pueblan el lugar parecen más interesados en que acabe el partido (para volver a sus retos de videojuegos) que en los goles de España y Francia. Con mucho criterio, les traen al pairo las aventuras de Infantino y sus selecciones. Nos miran y sonríen al comprobar nuestra alegría futbolera.
Quedan días y horas para descubrir la mejor Puglia y para explotar los lugares ya conquistados, sin duda. Y el trenino no parará de atravesarse en nuestro camino.

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