A pesar de haber remitido un tanto el calor, aún añoro Edimburgo, y no solo por las temperaturas, ni por los pubs, ni por la cordialidad de los escoceses... Hasta de sus museos me acuerdo. Sobre todo del cuadro que ilustra esta entrada. Se trata de una situación cotidiana en una escuela inglesa del siglo XIX. Una estampa ante la que comprobamos que, por lo visto, una clase repleta de adolescentes, es una clase repleta de adolescentes, en el XIX y en el XXI. Poco ha cambiado la naturaleza de los púberes, a pesar de lo que digan o propongan los pedagogos.
Si os fijáis bien, al fondo, a la izquierda, un viejo maestro atiende a dos niños. Uno de ellos parece seguir las correcciones del profesor; la chica, descalza, espera paciente su turno. Mientras tanto, en el fondo, junto a la puerta, el grueso del alumnado pelea, disputa y se atropella, no sabemos si por salir cuanto antes de la clase o porque se han enzarzado en una pelea. En la esquina derecha, dos niñas (una sentada y otra de pie), esperan pacientemente a que se aclaren sus compañeros. Alejadas lo suficiente como para no sufrir las consecuencias de su brutalidad. El viejo maestro, o no oye o no quiere oírlos, porque el escándalo de los muchachos pendencieros parece escucharse a través del cuadro.
Pues bien, nada se parece más a una clase de tercero de ESO del siglo XXI. Ellas, motivadas, maduras, juiciosas, como de una raza distinta a la de ellos: escandalosos, asalvajados, pendencieros y sin ningún interés por lo que diga o proponga un viejo profesor. ¡Qué sosegada edad la temprana adolescencia! ¡Qué alegría volver a compartir próximamente las cuatro paredes del aula con estos infantes atolondrados! ¡Qué siervos tan fieles, "si ovieran buen señor"! O un señor con más energía y menos años, porque, como podemos adivinar en el cuadro, es mucha la paciencia y, sobre todo, el cuajo y el ímpetu necesarios para apaciguar a semejante jauría. Por cierto, el pintor se llama Sir George Harvey y el cuadro está en la Galería Nacional de Edimburgo. No todo van a ser cervezas y güisquis.

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