No penséis que esta crónica os va a servir de guía para visitar Bari, ni mucho menos. Yo no soy Washington Irving, ni Julio Verne, ni Javier Reverte, ni siquiera un empleado de Trip Advisor. Los agujeros que tiene mi cabeza no permiten otra cosa que registrar, a través de impresiones estrambóticas, algunas escenas chocantes de la ciudad. Y a veces ni eso porque me enredo a comentar cualquier minucia y se me olvida la verdadera razón del escrito. Vamos, un Sancho Panza cualquiera.
A lo que vamos, Bari es una ciudad costera y, según me habían dicho, parecida a Cádiz. Bueno, sí, hay mar, hay castillo, hay catedral, hay paseo marítimo, hay un sol esplendoroso, hay altares de vírgenes y santos, hasta descubrimos un chiringuito (solo de nombre); pero no hay tabernas, ni gaditanos, ni vino de Jerez (menos mal).
La ciudad vieja de Bari es un laberinto de callejuelas medievales, empedradas y con cierto sabor palermitano o napolitano. En una de ellas (la conocimos el primer día) se reúne un grupo heterogéneo de bigardos, sentados en sillas de plástico alrededor de un tótem: un pedazo de altavoz que seguramente ha provocado la sordera de todos ellos. Algunos beben Peroni a morro y otros lucen sus camisetas de tirantes. A su lado, las mujeres amasan "orechiette", una pasta típica de Bari. De entre todas las hacedoras destaca la Nuncia, una señora mayor, con masajista personal, que vende camisetas con su efigie. La calle está atestada de los pasajeros de los cruceros, en concreto los grupos 8, 12 y 13, como rezan los señuelos de las guías. No tardaremos en hacer el Free Tour de rigor. Ya nos ponen los dientes largos estas filas de turistas, atentos a las explicaciones sobre las costumbres locales. En Cádiz precisamente, se quejan de que estos cruceristas compran un imán y vuelven al barco sin hacer más gastos (es el turismo, amigo). Como buenos turistas peripatéticos, disfrutamos del paseo marítimo, apabullados por la inmensidad del Adriático. Los manchegos ponemos caras muy raras al enfrentarnos a tanta agua. Además, el sol no nos crucifica todavía, tendremos tiempo de notar su crueldad. Ya sabía yo que no liquidaba Bari en una sola entrada. Mañana más (si me deja mi madre).




