lunes, 27 de julio de 2026

Puglia I: "Ya me ha pasado algo"


 

Nada más subir al avión, un episodio surrealista. Es más, casi todo este capítulo lo voy a dedicar a mi conversación con el azafato de Ryanair

Voy a sentarme en el avión (con el estrés que conlleva esto de abandonar el suelo firme. No hay forma de asimilarlo con naturalidad), cuando el azafato me agarra del brazo. Muy serio, me pregunta si estaría dispuesto a salvar a los pasajeros en caso de incidencia aérea (me acojono, pierdo el color, trago saliva y respondo, "¿quéee?"). El chico, muy grave, me lo vuelve a preguntar, esta vez con una aclaración: "Está usted en la fila de la puerta de emergencia, ¿estaría dispuesto a ayudar al resto del pasaje a salir por estas compuertas en caso de incidencia?". No sé por qué, le pregunto yo a él: "Y si me niego, ¿qué ocurre?, ¿me echáis del avión?". "No, caballero, simplemente lo tendríamos que cambiar de asiento". Estoy a punto de decirle que no estoy dispuesto a ayudar, más que nada por si se ven obligados a sentarme al lado del piloto o en primera, porque no veo yo asientos libres en la clase turista. Pero me da vergüenza hacerlo. Lo mismo te someten a una humillación pública y animan a todo el pasaje a vilipendiarte y a insultarte durante todo el vuelo, por insolidario y mala persona. Total, que me quedo en la fila de ayuda al cliente, además hay más espacio que en el resto de las filas. Una cosa es evidente: si ocurriera algo durante el vuelo, está claro que morimos todos, porque yo, en situaciones de emergencia, no creo que pudiera ni moverme. Es más, recuerdo un episodio en el que, cocinando en casa, se prendió la sartén (una llama estupenda incendiaba ya la campana). Me quedé paralizado, quieto, sin saber qué hacer. Esa fue mi reacción, si no es por Eva, que lanzó una toalla sobre la sartén, en este momento estaría seguramente carbonizado y convertido en carbonilla. Si en ese vuelo Madrid-Bari tengo que encargarme yo de abrir la puerta de escape, no nos salva ni la UME. Aunque recuerdo ahora otro episodio en Turquía con mi amiga Joaquina que... bueno, eso os lo cuento otro día, que ya he llegado al final.  

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