Cuando uno va de turismo lo primero que tendría que comprender (y parece una obviedad) es que ejerce de turista y no de aventurero, ni de viajero intrépido, ni de explorador; no, es turista. Se trata de entender que un turista no es Marco Polo, por mucho que él lo crea. No va a descubrir territorios ignotos, no va a conocer nuevas civilizaciones ni va a cambiar los hábitos de nadie, es turista y sanseacabó. Y si el turista tiene perfectamente claro que es turista, su viaje será mucho más placentero.
Eso sí, el turista puede ir en grupo o en parejas. Yo he elegido esta última modalidad. Para ello es necesario escoger un amigo o amiga de fiar, con quien congenies, y, sobre todo, que acepte como tú la condición de turista, así como tus neuras y manías. Además, viajar solo, por mucho que digan los modernos, es muy triste. Si vas acompañado, te puedes quejar con mayor énfasis de lo cara que ha resultado una cerveza, se realza mejor el sabor de una comida, se critica con más jolgorio la locura de la conducción de los italianos, por ejemplo, o se puede reír uno con más fuerza de los tropezones del otro, además de que en la primera exploración de una ciudad es conveniente el análisis antropológico, que siempre será más profundo con el diálogo y la observación compartida.
Toda esta introducción viene a cuentas de que voy a relatar un viaje que acabamos de finalizar mi amigo Javi y yo por el sur de Italia. Hemos estado en la Puglia. Somos turistas de libro, de estos que quieren echar de Barcelona, de las Canarias y de algún otro sitio más, con bastante razón.
Ahora bien, aclarada la perspectiva de estas crónicas, tengo que puntualizar que a mí me gusta mucho la literatura por lo que voy a trufar las peripecias en la Puglia con alguna mentirijilla que otra. Esto hará la crónica más sabrosa, porque el lector puede ir buscando qué es real y qué no lo es. Tened en cuenta que en los relatos de viajes de Marco Polo también había mucho de ficción. Si él, que era realmente un viajero intrépido, utilizó el embuste porque no yo.
El turista, por supuesto, debe llevar una maleta, no una mochila enorme, ni esas mierdas con las que se intenta aparentar que uno va a conquistar el Polo Norte o a atrvesar el Matto Grosso. Una maleta y, si las medidas de la cabeza lo permiten, un sombrero de papel made in China. También es necesario contratar un buen hotel, cerca de la estación, de los cines y de las zonas comerciales, con desayuno incluido y con pantallas de televisión para ver el Tour de Francia y los partidos del mundial. También es prioritario el "Free Tour", no lo olvidéis. No es necesario saber del todo el idioma del país de origen. En nuestro caso, no tuvimos dificultad. Todo el mundo sabe que cualquier español comprende y habla a la perfección el italiano, así que ningún problema. Grazie, prego, ciao, suficiente.
Os emplazo, pues, para el primer capítulo en la siguiente entrega. Y a ver si localizáis los gazapos.

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