Acabo de descubrir (a la vejez, viruelas) que mi habilidad no es dar clase ni escribir ni jugar al fútbol, sino la fontanería. Ahora me doy cuenta, ahora, después de desperdiciar años y años haciendo cucamonas en el aula, estrujándome las meninges en el folio en blanco y pegándole patadas a un balón. Sin ninguna preparación previa, he desatascado las tuberías de mi casa, todas. En la vida había estado más satisfecho. Ni al terminar un buen curso, ni al ponerle fin a una novela, ni al marcar un gol. Por qué no probaría yo la sensación de la auténtica gloria mucho antes. Les habría ahorrado a mis alumnos y a mis lectores (jajajaja) muchas horas de sufrimiento. Es tarde ya para fundar una empresa, pero he bajado corriendo a la ferretería a comprarme el paquete completo del buen fontanero. Es una sensación incomparable, como la de ver a tu patrona procesionar en plenas fiestas.
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domingo, 30 de agosto de 2026
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