Abjurar, abjurar de todo. Trabajar cansa, lo dijo Pavese. Y es cierto. No deseo tener ya ninguna responsabilidad, ningún objetivo, ninguna finalidad. Así, así quiero estar, tumbado en la cama, refocilándome con un libro entre las manos hasta que me apetezca levantarme para dar un paseo y recoger algo de sol. La vida es fácil. Solo el trabajo la vuelve complicada. Sin trabajo, me siento ante el ordenador y escribo gilipolleces como esta, y me convenzo de que he hecho algo útil para la humanidad. Y salgo a la calle, y desayuno, y la madalena que empapo en el café con leche me parece que es premio necesario a mi genialidad de mediodía. Ser gilipollas conlleva estos convencimientos. Uno cree que ha cumplido con la humanidad después de escribir dos chorradas pretenciosas. Esto es así y compensa y ayuda a no tomarse cien barbitúricos de marcas blancas. Si te levantas satisfecho después de componer una oración coherente, no puedes suicidarte, la madalena te la mereces.
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viernes, 3 de abril de 2026
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