Pocas veces (a lo mejor nunca) he mantenido una conversación tan sesuda con un alumno como la de anteayer. Y lo mejor, tan sesuda como poco forzada. Ofelia, la prometida de Shakespeare, ha sido el detonante. Me preguntaba él cómo podía relacionar en su comentario el asunto del paso de la inocencia a la madurez en Hamlet. Yo le he intentado explicar que el comportamiento del príncipe Hamlet, cuando el espíritu de su padre lo empuja a tomar venganza, representa, de alguna forma, la entrada en el mundo de las responsabilidades angustiosas. Y Ofelia es la primera víctima. El alumno ocupa parte de su tiempo de ocio en leer a Descartes, Kafka o Camus. Por suerte, yo llevo más de 30 años con este veneno de la literatura. Si me hubiera preguntado a los 17, seguramente no lo habría comprendido. Y lo más paradójico, pocas veces (a lo mejor nunca) tengo posibilidad de entusiasmarme por una conversación literaria con gente de mi edad, o de 50 o de 40. Es chocante conectar mejor intelectualmente con un chico de 17 que con un coetáneo, muy chocante. Pero este discurso no engrana con el lugar común de la denigración de la adolescencia. No sé si va a ser tenido en cuenta.
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viernes, 3 de abril de 2026
Adolescencia
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