Me siento en la barra de un bar moderno (bueno, no sé si se puede llamar barra a esto). Pocos camareros, muy malencarados (no creo que les paguen muy bien). Es difícil descifrar qué alimentos hay en la carta, no porque esté en un idioma extraño, sino porque no conozco ni la mitad de los productos. Me sirven una cerveza, después de insistir con educación. La idea es cenar ahí, pero me resulta imposible. Pago y me voy. Aterrizo en un bar de toda la vida. Camareros experimentados, rápidos y atentos. Cantan las comandas a voces. “¿Le falta algo, caballero?”, me preguntan varias veces, con el bar a rebosar. No voy a cenar quinoa, pero las cañas valen 50 céntimos menos y sirven las mejores gambas al ajillo del barrio. Esta es la diferencia entre un gastrobar y el bar Manolo. Elige.
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lunes, 27 de abril de 2026
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