domingo, 5 de julio de 2020

Revolución

        
Se están viralizando (qué horrible palabra), empiezo otra vez. Los claustros de profesores se están movilizando estos primeros días de vacaciones, previendo el desastre del comienzo del curso que viene. Sobre todo, impulsados por la irresponsabilidad de las Administraciones Educativas, empeñadas en no reducir las ratios de ninguna de las maneras. Era un clamor anterior a la pandemia, una petición que nunca se ha tenido en cuenta, pese al paradigma positivo de países donde la reducción de las ratios ha contribuido y mucho a la mejora del sistema de enseñanza (véase Finlandia). Pensamos que la urgencia médica y la recomendación de no reunir a más de 20 alumnos por clase serviría para alcanzar una de las reivindicaciones de más larga trayectoria en los claustros de toda España. Ni por esas. Los equipos directivos han recibido los cupos de la Administración y se atienen a los mismos números que en cursos anteriores, 30, 35 y 40 alumnos por aula. 
La reacción en forma de misivas, el renacimiento del género epistolar para reclamar, para no callar, para aullar a la luna (o a la Administración), me parece un medio adecuado, pero no suficiente. Sí, debemos llenar los medios de comunicación y las redes sociales con estas reivindicaciones. Sabemos que los escozores de los poderes políticos se producen, ante todo, cuando las noticias saltan a la palestra pública. Debemos molestarlos con nuestras reivindicaciones sobre las ratios porque, está tan fuera de lugar lo que proponen las administraciones, que no podemos quedarnos callados. Pero, además, en caso de que no surtiera ningún efecto (casi seguro), deberíamos plantear medidas más drásticas a principio de curso. 
No podemos empezar en septiembre con las clases atiborradas de alumnos, por higiene, por salud física y mental. No debemos consentirlo más, no hay que transigir con el hecho rastrero de descargar toda la responsabilidad en los equipos directivos, cuando están atados de pies y manos en cuanto a las ratios se refiere. Debemos, además de cultivar la epístola, negarnos en redondo a asentir ante la incuria y la irresponsabilidad administrativa y no impartir clase a más de 20 alumnos a la vez. Nos ven sumisos y adocenados, vamos a demostrarles lo contrario.  

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