Oír a Triana, donde sea y a la hora que sea, te estropea el concepto de cotidianidad. Nada es vulgar ni rutinario ni torpe si te rodea esta banda. La voz del muerto se engancha con las uñas a una jeringa, a un subidón casi eterno, que cae sin aviso, en picado, en cuanto el batería deja de darle porrazos a los platillos. Y vuelve la murria, lo adocenado, los herederos de Julio Iglesias. ¡Eh!, espera, no, ahora cante jondo. ¡Qué antro es este!
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viernes, 25 de septiembre de 2026
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