miércoles, 30 de septiembre de 2026

Azules



Los días azules de Machado están en el aula. A veces, y no pocas, las chicas, sobre todo ellas, se desangran literalmente en una exposición oral y reviven (de veras) la nostalgia del poeta. Chicas de 17 años cumplen de repente 63 o se sientan en una silla de ruedas, enfermas, nostálgicas y oyen el rumor del Duero y te trasladan con su emoción a los chopos grabados por el amor adolescente, tatuada su piel con versos firmes y corazones de savia. Estos días azules, estas voces jóvenes que añoran antes de tiempo no haber visitado Colliure, o se identifican con el amor mórbido de Leonor. La poesía, la auténtica, es esto, es carne de palabra acurrucada en el paladar de una alumna que, sí, no exagero, extraña el desaliño de un poeta, extraña su infancia en un patio de Sevilla, sus chaquetas chamuscadas, su Guiomar misteriosa, su voz en el tiempo. Hoy he vuelto a Machado como se debe, guiado por la inocencia y el entusiasmo de 17 años esplendorosos. Aún sigo con la carne estremecida y la piel tan erizada, que “de gallina” no me sirve. Esa luz de la infancia.

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