Por la mañana, bien temprano, saco a mear al guepardo, llevo a los chicos a la Cañada Real y les compro la dosis de heroína que van a necesitar para soportar la jornada. Los dejo allí hasta el mediodía. Aprovecho para disfrutar de mi soledad y de mis amigas. Almorzamos en un gastrobar y nos ponemos bien de cazalla, absenta y aguardiente de La Frontera. Aún nos tenemos en pie, así que robamos ladrillos de las obras y los lanzamos contra los escaparates del Zara y de Mercadona. Antes de recoger a los chicos, paso por una librería y escupo entre las páginas de las novelas más vendidas. Me iría al bingo a robar la caja, pero me esperan. La policía no me sigue, recojo a los chicos (ninguno tiene el mono) y volvemos a casa. Preparo pato a las finas hierbas, enveneno a mi marido y a los niños. Me falta tiempo para mí misma.
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sábado, 21 de marzo de 2026
Tareas de un ama de casa
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