Me acompañan, me arropan, me aprecian, me quieren. Venir a San Clemente supone para mí una purga deliciosa contra mi maldita soledad (“soledades me quita, cárcel me arranca…”). En ningún sitio pego la hebra con más gente, en ningún lugar me abrazo con tanto personal. Antes eran mis compañeros o mis alumnas, ahora son maestras, banqueras, farmacéuticas, asesoras, abogadas… Viví y trabajé trece años allí y cuando vuelvo me siento siempre acompañado, arropado, apreciado, querido… ni siquiera me hace falta la cerveza para sonreír, aunque no renuncio a ella, porque en el gremio de hostelería también hice buenas migas. Joaquina, Mª Luisa, Pedro Pablo, Andrés, Luis, Elena, Elia, Ángela, Diana, Pilar, Alicia, Carmen, María, Irene, Olga, Silvia, Carlos, Aitana, Gemma, Toño, Marisa, Ana, Jesús, Javier, Paula, Míriam, Noelia, Javier, Jacinto… algunos de ellos me han acompañado esta tarde de sábado. Y, por supuesto el amigo Javi, conversador animoso, hombre de bien, siempre dispuesto a aguantarme y a brindarme paletillas de escándalo. Vuelvo en breve.
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sábado, 10 de enero de 2026
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