Por supuesto nunca he entendido que se dé Religión en los institutos públicos, por lo que la asignatura de Alternativa a la Religión o Atención Educativa se convierte en un verdadero misterio en donde, incluso, se nos prohíbe dar materia (de cualquier clase). Tremenda paradoja. Hoy, de todas formas, con un alumno de 1º de esta materia/no materia he tenido una revelación. Se ha puesto una especie de turbante y le he preguntado de qué se había disfrazado. Me ha respondido que de Virgen María. Ahí está la solución. Ya le he encontrado sentido a esta materia y sé lo que vamos a hacer a lo largo del curso. Entusiasmado estoy. Y no, no es un viaje a la Warner.
Secciones
viernes, 9 de octubre de 2026
Atención Educativa
miércoles, 30 de septiembre de 2026
Azules
domingo, 13 de septiembre de 2026
Informe Pisa
Beben menos alcohol, fuman menos hierba, escuchan reguetón, son mucho y muy españoles, van en masa a ver al papa y tienen profesores como yo. No sé por qué os sorprenden los resultados del informe PISA.
jueves, 27 de agosto de 2026
Farmear aura
martes, 25 de agosto de 2026
Los masáis y la adolescencia
¿Qué se soporta mejor, ser adolescente o aguantar a un adolescente? Ser adolescente es una batalla complicada, sobre todo si eres inteligente y tienes ideas propias o exhibes un físico no muy a la moda o si eres de una raza distinta a la general o si tienes alguna tara física o psíquica. Quien debe aguantar a un adolescente, bien sea por paternidad, o por profesión se enfrenta a una tremenda labor. La madre que lidia con una o dos criaturas de esta edad, puede hacerse una ligera idea de lo que es contender con treinta de estos especímenes a la vez. En ocasiones, un infierno. A mi hija le sugerí una vez que contemplara la posibilidad de ser profesora. No lo pensó ni un minuto: "¡Ni de coña!". Recuerdo que mi padre me preguntaba una y otra vez que cómo era capaz de aguantar a críos de quince años sin darles una hostia. Era bastante impulsivo, y, sin embargo, lo comprendí. Pero bueno, a lo que íbamos, ¿es más difícil aguantar a adolescentes o ser adolescente? Todo parte del mismo origen. La adolescencia es un invento de las sociedades modernas. Los masáis solucionan este tránsito con la cacería del leopardo. Si no la concluyen con éxito, mala suerte y menos problemas para los pedagogos (¿os imagináis a pedagogos masáis?) PD: No tengo ni puta idea de los ritos masáis. Este argumento inventado me habría restado puntos en la selectividad. Ya no sé por dónde iba. De verdad, me embarco en unos temas que no sé por dónde meterles mano y, encima, me invento unas preguntas que parecen sesudas, pero no es así. "Adolescens", el que está sin terminar, así acabo esta idiotez. Y espero que todos consigan cazar al leopardo, bueno, no, que no está bien matar especies protegidas.
lunes, 24 de agosto de 2026
Edimburgo V: "Una estampa escolar"
A pesar de haber remitido un tanto el calor, aún añoro Edimburgo, y no solo por las temperaturas, ni por los pubs, ni por la cordialidad de los escoceses... Hasta de sus museos me acuerdo. Sobre todo del cuadro que ilustra esta entrada. Se trata de una situación cotidiana en una escuela inglesa del siglo XIX. Una estampa ante la que comprobamos que, por lo visto, una clase repleta de adolescentes, es una clase repleta de adolescentes, en el XIX y en el XXI. Poco ha cambiado la naturaleza de los púberes, a pesar de lo que digan o propongan los pedagogos.
Si os fijáis bien, al fondo, a la izquierda, un viejo maestro atiende a dos niños. Uno de ellos parece seguir las correcciones del profesor; la chica, descalza, espera paciente su turno. Mientras tanto, en el fondo, junto a la puerta, el grueso del alumnado pelea, disputa y se atropella, no sabemos si por salir cuanto antes de la clase o porque se han enzarzado en una pelea. En la esquina derecha, dos niñas (una sentada y otra de pie), esperan pacientemente a que se aclaren sus compañeros. Alejadas lo suficiente como para no sufrir las consecuencias de su brutalidad. El viejo maestro, o no oye o no quiere oírlos, porque el escándalo de los muchachos pendencieros parece escucharse a través del cuadro.
Pues bien, nada se parece más a una clase de tercero de ESO del siglo XXI. Ellas, motivadas, maduras, juiciosas, como de una raza distinta a la de ellos: escandalosos, asalvajados, pendencieros y sin ningún interés por lo que diga o proponga un viejo profesor. ¡Qué sosegada edad la temprana adolescencia! ¡Qué alegría volver a compartir próximamente las cuatro paredes del aula con estos infantes atolondrados! ¡Qué siervos tan fieles, "si ovieran buen señor"! O un señor con más energía y menos años, porque, como podemos adivinar en el cuadro, es mucha la paciencia y, sobre todo, el cuajo y el ímpetu necesarios para apaciguar a semejante jauría. Por cierto, el pintor se llama Sir George Harvey y el cuadro está en la Galería Nacional de Edimburgo. No todo van a ser cervezas y güisquis.
martes, 2 de junio de 2026
El fracaso de la enseñanza moderna
La enseñanza moderna, en cuanto al cumplimiento de lo que deberían ser sus objetivos fundamentales, constituye un fracaso, un fracaso en toda regla.
Vivimos tiempos convulsos (como casi todos), tiempos en los que cabe cuestionarse si hemos mejorado gracias a que la enseñanza está al alcance de cualquier individuo. ¿Ha servido para algo que la educación se haya extendido a todo el mundo, que se haya generalizado, que prácticamente casi el cien por cien de los muchachos tengan obligatoriamente que pasar por las aulas? Indudablemente, el analfabetismo se ha paliado, es una mejora significativa. Recuerdo gente mayor en los setenta y ochenta que ni siquiera sabía leer ni escribir y no cabe duda que acabar con la ignorancia es uno de los fines de la enseñanza. Sí veo un avance notorio en el campo de las ciencias y la tecnología, ¿pero podemos decir que nuestra comunidad es más bondadosa, más racional, menos racista, más coherente, más culta, más sabia, desde que se implantó la enseñanza para todos? ¿Ha servido para hacernos más responsables, más consecuentes y más bondadosos con nosotros y con el prójimo? Según algunos hechos demostrables, esto no es así.
Si de veras pensáramos en los demás, en construir una sociedad más justa y más solidaria, ni se nos ocurriría pensar en dar el voto a menguados, a pazguatos, a gente sin corazón, a embusteros, a embaucadores poderosos o a racistas declarados. Más de cincuenta años de enseñanza para todos, ¿han contribuido a la solución de estas taras? Evidentemente, no. Nunca como ahora he tenido tanto miedo al ver quiénes nos gobiernan o quiénes nos pueden gobernar. Y los elegimos nosotros, los que hemos tenido acceso a la enseñanza moderna. Si de veras la escuela hubiera contribuido en algo a este respecto, sería para mal porque estamos en igual o peor tesitura que nunca en cuanto a nuestra capacidad de elección democrática. Ni ha desaparecido el fascismo (todo lo contrario), ni las tropelías de los poderosos, ni los abusos machistas, ni la tiranía de los que más tienen, ni el racismo, ni el clasismo, ni la aporofobia, ni el hecho consumado de que la mayor parte de quienes llegan al poder se corrompe irremediablemente. Es decir, los males que una enseñanza consecuente debería empeñarse en abolir, siguen ahí, algunos con más fuerza que nunca. Luego, más de cincuenta años de enseñanza general han valido para poco o nos hemos ocupado de otros menesteres, en ocasiones, absurdos.
Los fanatismos religiosos, populistas y nacionalistas siguen más vigorosos que nunca. Estamos en el punto más alto del fervor por procesiones, equipos de fútbol y tradiciones con arraigo sospechoso. Desde luego, la enseñanza no ha servido para evitar que la superstición se haya apoderado de las calles y de las gentes. A nadie se le ocurriría escribir un artículo criticando el fervor por una virgen o por un santo patrón y calificarlo de idolatría absurda, sin reparar en los enfrentamientos a los que te conduciría una afirmación tan racional. El furor que se observa en los aficionados al fútbol cuando su equipo sube a segunda regional o baja a preferente nunca lo había visto tan desmedido. Por los colores de un club, la gente ahora mismo mata. De momento apedrean autobuses, hasta de su mismo equipo. Los convencionalismos cada vez son seguidos inconscientemente, sin ningún espíritu crítico. Eso que aparece en todos los currículos educativos: "fomentar el espíritu crítico", es uno de los mayores fracasos de la enseñanza moderna. No he visto una época tan propensa a dejarse vencer por seguir a la masa (quizás exagero), por ser gregarios. Sí, el hombre es un ser social, pero esto no significa que debamos ser arrastrados por el tumulto que nos rodea al precio que sea. Esa era una función fundamental de la enseñanza, la de hacernos pensar por nosotros mismos, la de no seguir los impulsos irracionales del rebaño. Las redes sociales se apropian de las voluntades con muy poco esfuerzo. Es sorprendente cómo se engaña al personal con tanta facilidad, cómo nos volvemos prosélitos de la idea más absurda, del idiota más violento. Lo de formar el espíritu crítico supone un fracaso total de la enseñanza moderna, sin duda.
Por último, me centro en mi experiencia en las aulas. A lo largo de mi carrera como profesor he llegado a la conclusión de que el sistema educativo falla en lo más básico: no nos metemos en el aula para generar bondad, responsabilidad ni conocimiento, sino para llenar el tiempo con todo tipo de contenidos, como poco, cuestionables y ajenos al mundo del alumnado; para alejar a los adolescentes de la vida real; para evitar que piensen, que desarrollen las capacidades que poseen y para custodiar durante un tiempo sus vidas.
Si pensamos en los más de 50 años que trajinamos con la enseñanza moderna (que en absoluto lo es), llegamos a una conclusión devastadora: hemos sido capaces de aupar al poder a verdaderos idiotas y a la vista de las encuestas podemos ir más allá todavía. Ni espíritu crítico, ni capacidad de reflexión, ni mejores personas, ni sociedades más cohesionadas, ni formación humanística, no. Me duele este fracaso evidente porque he sido durante bastante tiempo miembro del sistema. Y no me voy a ir nada contento, os lo aseguro. Me duele ver esvásticas grabadas en los pupitres y dibujadas en las carpetas. Preferiría ver pollas. Me duele ver la repulsión que provocan las aulas. Hemos olvidado los métodos de la Institución Libre de Enseñanza. No sé si darían el mismo resultado, pero habría que probar con otra cosa, eso por descontado.
¿Cómo se podría enseñar algo a un muchacho sin formar?, en primer lugar, en grupos más pequeños, de 12 máximo, sin calificaciones, sin asignaturas parceladas, sin limitación de espacios, sin exámenes (por supuesto). Es decir, deberíamos hacer justo lo contrario de lo que está estipulado y, aún así, habría que probar su eficacia. De todas formas, cuando en clase me he salido de los márgenes tradicionales, todo ha funcionado mejor que lo establecido como normativo, siempre. No enseñamos a los adolescentes a ser mejores personas, ni promocionamos el espíritu crítico, ni a pensar por ellos mismos ni a fomentar las bases del humanismo. Hay que darle una vuelta al sistema, sí, en lo más profundo. Habría posiblemente que reventarlo (viva Valle-Inclán) para crearlo con nuevos mimbres. O, casi mejor, pulir estos principios metodológicos de la ILE (de finales de siglo XIX, nada menos):
miércoles, 20 de mayo de 2026
SADOSINTAXIS Lección 8: "La oración impersonal"
SADOSINTAXIS Lección 7: "Activas y pasivas"
Sadosintaxis: lección 6, "la partícula "se"
Sadosintaxis: lección 5, "la oración copulativa"
Sadosintaxis. Lección 4: "el sujeto paciente y el complemento agente"
Sadosintaxis: lección 3, "complemento circunstancial de amor"
Sadosintaxis: lección 2, "coordinadas copulativas"
Sadosintaxis: Lección 1, "la subordinación sustantiva"
miércoles, 6 de mayo de 2026
El teatro
Lo he dicho muchas veces y no me canso de repetirlo, el teatro es un recurso pedagógico infalible. Ayer mismo, alumnos de 1º, 2º de la ESO y Diversificación hicieron una representación magnífica de una comedia, delante de bastante público, en un auditorio muy digno. Solo tendríais que haber visto la cara de felicidad absoluta que se desprendía de sus rostros después de la representación (y también la nuestra, la de los profesores que nos embarcamos en la empresa). Opuesta a la que les solemos ver en clase de Matemáticas o de Lengua. Sí, el teatro consigue hacerles disfrutar casi tanto como aborrecen nuestros métodos educativos. Y no solo eso, siempre que hemos organizado un espectáculo teatral con ellos, es mayoritaria la presencia de alumnado muy especial, con sensibilidad distinta, incluso, a veces, con problemas de acoso y de aislamiento. El teatro, entonces, se convierte en una solución mágica para situaciones que aparentemente no se pueden paliar y desembocan a menudo en tragedias de mayor o menor intensidad. Me emociona ver cómo chicos que viven su paso por el instituto completamente aislados, con un penar constante, se integran en el grupo de teatro y poco a poco se sienten parte de una comunidad indisoluble, de solidaridad necesaria, parte insustituible de un engranaje maravilloso cuyo objetivo es convertirse en otros, salir de su naturaleza, asumir otra distinta, despojarse de la realidad. El efecto que provocan en ellos los ensayos y, luego, la puesta en escena es justo el inverso al de las clases magistrales, tediosas, asfixiantes, faltas de toda justificación. El teatro, para quien se integra en una compañía (más para un adolescente), es siempre una fiesta y, además, soluciona conflictos aparentemente irresolubles, endulza soledades y acciona mecanismos de defensa ocultos bajo la piel herida de individuos especialmente sensibles a la violencia social de los mundos juveniles. Dejad que se disfracen, que se maquillen, que se transformen y colgad la toga de jueces implacables. El beneficio será mutuo.
Por cierto, en la foto estamos deformados, somos mucho más jóvenes (todos).
viernes, 3 de abril de 2026
Adolescencia
martes, 3 de febrero de 2026
El bálsamo de Fierabrás
Es sorprendente el cruce de referencias vitales que en ocasiones se dan cuando uno está leyendo un libro o viendo una película. El entramado literario, a veces, parece elegido adrede para interferir en la vida misma, para sustituirla. Leo Los veranos de Cervantes de Antonio Muñoz Molina. El autor aprovecha sus vivencias y lecturas para conectarlas directamente con los personajes y las aventuras del caballero andante más famoso de la literatura universal. Molina hace un viaje a El Toboso y descubre su silencio, la detención del tiempo, la mole de la iglesia y el museo de Dulcinea, cerrado ese día. La mañana anterior a la lectura del episodio en el que Sancho y don Quijote entran en el lugar de Dulcinea, me voy de ruta quijotesca con un grupo de jubilados. Visitamos (nosotros sí) el museo de Dulcinea, pero lo más chocante es la impresión que me deja El Toboso. Coincide casi exactamente con la que transmite Muñoz Molina en Los veranos de Cervantes. El pueblo vacío, anclado en el tiempo. El don Quijote de forja postrado ante la metálica Aldonza Lorenzo. Cerca, la iglesia, imponente, me une indisolublemente no solo al libro de don Miguel, sino también al de Antonio. Atravieso la literatura con la vida misma y un escalofrío me asalta, como si estuviera viendo fantasmas, espíritus regresados de allá lejos, del pasado más cercano y más lejano. Muñoz Molina viaja en coche, acompañado por su mujer; yo, en autobús, con 53 jubilados matriculados en la Universidad de la Vida (qué paradoja); don Quijote en Rocinante, escoltado por su fiel Sancho Panza. Todos entramos en el silencio abrumador del lugar manchego, oímos el mallar de los gatos, el ladrido de los perros, el sosiego abrumador de sus calles, la agridulce compañía del tiempo en suspenso. Porque en El Toboso ha sido donde nos hemos encontrado: mi pasión por la novela de Cervantes, la adoración de Antonio Muñoz Molina por ella y la persistente locura del caballero andante por encontrar a una dama inexistente.
Todo es silencio, todo es búsqueda de imposibles, todo es evasión. Muñoz Molina nos habla de su estado depresivo y de que solo la lectura del Quijote lo levanta de la murria y la desidia. Yo también encuentro en los libros una fuga, una vida más real incluso que la que aún disfruto. Don Quijote vive su locura como un aliento necesario a la monotonía inane de un hidalgo rural. Es chocante, solo me siento conectado al mundo, a la vida, a la realidad, a través de dos personajes de ficción y de un novelista, a quien también percibo como alguien irreal y desconocido. No hay psicólogo que pueda superar esta terapia. El humor y la parodia del Quijote es el bálsamo de Fierabrás, sin ninguna duda. Es lo único que le falta a Molina, el humor.
domingo, 8 de junio de 2025
Las aventuras del joven Cervantes III
Cervantes llega a Roma para cumplir allí los 22 años. No creáis que entonces, 1569, se celebraban estas fechas con bandas de míster ni con globos, ¡ni por pienso! (cómo me gusta esta expresión). Cervantes ni siquiera recuerda con exactitud el día de su nacimiento (no está para tonterías).
De los muchos lugares que quedan impresos en las pupilas de Miguel, serán Ferrara y Florencia los destacados. Queda deslumbrado ante el lujo, el buen gusto y la modernidad de esas ciudades, tan distintas de Madrid o Sevilla. En el camino (había tiempo y mucho) conoce a unos titiriteros con los que ensaya sus primeros balbuceos en toscano. Le place enormemente ese acento festivo y cordial. Le huele a latín, a esa lengua que no terminó de aprender con el bachiller López de Hoyos. En un principio desconfía de sus compañeros de viaje, aunque su dominio del estoque y la menguada apariencia de los cómicos, le dan una cierta tranquilidad. Las posadas, como las castellanas y aragonesas, son lugares donde, al amor de la lumbre, lo mismo se puede oír recitar la Jerusalem conquistada del perseguido Tasso, que te puede asaltar un desgraciado y acuchillarte para arrancarte la bolsa. No es que Cervantes lleve mucho dinero, pero sí guarda a buen recaudo la recomendación de un tío suyo (también de apellido Cervantes) para instalarse con el cardenal Acquaviva. No hay nada mejor que las recomendaciones (o enchufes, vamos) para no pasar penurias, tanto en Roma como en Madrid. Y dejar de una vez esos jergones de paja molida de las posadas, repletos de chinches y pulgas saltarinas.
La última noche, antes de llegar a la ciudad de los papas, tiene suerte y escucha en un italiano diáfano el capítulo donde Orlando se vuelve loco de amor por una princesa y se larga a una peña en el bosque para descargar su ira. La memoria de Miguel es prodigiosa (eso asegura el bachiller López de Hoyos y también su hermana Andrea) y guarda en el caletre ese pasaje del Orlando furioso del divino Ariosto ("para cuando escriba un poema épico", piensa el joven alcalaíno). Los huéspedes escuchan los versos, entre los vapores del vino y la pesadez de un guiso de osobuco un tanto pasado. Algunos caen dormidos sobre las mesas y otros se entusiasman y gritan como si quisieran castigar a Andrómeda, la princesa que ha rechazado al héroe del poema épico.
Llega a Roma, por fin, como prófugo de la justicia (recordadlo), pero durante su primer día en la ciudad no se acuerda de su condición adversa. Este primer día lo tendría que haber contado en este episodio, pero la cabeza propone y el diablo de la digresión dispone. Os convoco para el próximo, en el que os aseguró que descubriré las verdaderas peripecias del joven Cervantes, tal y como ocurrieron, sin lugar a ninguna duda, en ese primer día bajo el cielo romano y con sus 22 primaveras recién cumplidas.















