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viernes, 9 de octubre de 2026

Atención Educativa


 Por supuesto nunca he entendido que se dé Religión en los institutos públicos, por lo que la asignatura de Alternativa a la Religión o Atención Educativa se convierte en un verdadero misterio en donde, incluso, se nos prohíbe dar materia (de cualquier clase). Tremenda paradoja. Hoy, de todas formas, con un alumno de 1º de esta materia/no materia he tenido una revelación. Se ha puesto una especie de turbante y le he preguntado de qué se había disfrazado. Me ha respondido que de Virgen María. Ahí está la solución. Ya le he encontrado sentido a esta materia y sé lo que vamos a hacer a lo largo del curso. Entusiasmado estoy. Y no, no es un viaje a la Warner.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Azules





Los días azules de Machado están en el aula. A veces, y no pocas, las chicas, sobre todo ellas, se desangran literalmente en una exposición oral y reviven (de veras) la nostalgia del poeta. Chicas de 17 años cumplen de repente 63 o se sientan en una silla de ruedas, enfermas, nostálgicas y oyen el rumor del Duero y te trasladan con su emoción a los chopos grabados por el amor adolescente, tatuada su piel con versos firmes y corazones de savia. Estos días azules, estas voces jóvenes que añoran antes de tiempo no haber visitado Colliure, o se identifican con el amor mórbido de Leonor. La poesía, la auténtica, es esto, es carne de palabra acurrucada en el paladar de una alumna que, sí, no exagero, extraña el desaliño de un poeta, extraña su infancia en un patio de Sevilla, sus chaquetas chamuscadas, su Guiomar misteriosa, su voz en el tiempo. Hoy he vuelto a Machado como se debe, guiado por la inocencia y el entusiasmo de 17 años esplendorosos. Aún sigo con la carne estremecida y la piel tan erizada, que “de gallina” no me sirve. Esa luz de la infancia.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Informe Pisa


 

Beben menos alcohol, fuman menos hierba, escuchan reguetón, son mucho y muy españoles, van en masa a ver al papa y tienen profesores como yo. No sé por qué os sorprenden los resultados del informe PISA. 

jueves, 27 de agosto de 2026

Farmear aura



Empecé mi carrera cayéndome de espaldas tras tropezarme con el entarimado del profesor. Fue una señal. Cuando me vi por los suelos, mientras los bigardos de 4º de Diver se partían la caja, me dije a mí mismo, “aquí ha acabado mi carrera de profesor, de mí no se ríe ni Faemino y Cansado”. Hasta ahora. Perder el miedo al ridículo es buenísimo para esta profesión. La risa es fundamental, aunque seas tú quien la propagues. Eva no estaba de acuerdo en este punto y seguro que llevaba razón. Yo he llegado al absurdo de considerar que cuando haces reír a alguien ya lo tienes rendido a tus enseñanzas. Ella creía que esto era una gilipollez, y es posible que tuviera razón. No, es seguro, porque lo único que he constatado con la técnica del cachondeo es que sí, lo pasamos mejor, pero no aprendemos nada. Bueno, sí, a farmear aura.

martes, 25 de agosto de 2026

Los masáis y la adolescencia


 

¿Qué se soporta mejor, ser adolescente o aguantar a un adolescente? Ser adolescente es una batalla complicada, sobre todo si eres inteligente  y tienes ideas propias o exhibes un físico no muy a la moda o si eres de una raza distinta a la general o si tienes alguna tara física o psíquica. Quien debe aguantar a un adolescente, bien sea por paternidad, o por profesión se enfrenta a una tremenda labor. La madre que lidia con una o dos criaturas de esta edad, puede hacerse una ligera idea de lo que es contender con treinta de estos especímenes a la vez. En ocasiones, un infierno. A mi hija le sugerí una vez que contemplara la posibilidad de ser profesora. No lo pensó ni un minuto: "¡Ni de coña!". Recuerdo que mi padre me preguntaba una y otra vez que cómo era capaz de aguantar a críos de quince años sin darles una hostia. Era bastante impulsivo, y, sin embargo, lo comprendí. Pero bueno, a lo que íbamos, ¿es más difícil aguantar a adolescentes o ser adolescente? Todo parte del mismo origen. La adolescencia es un invento de las sociedades modernas. Los masáis solucionan este tránsito con la cacería del leopardo. Si no la concluyen con éxito, mala suerte y menos problemas para los pedagogos (¿os imagináis a pedagogos masáis?) PD: No tengo ni puta idea de los ritos masáis. Este argumento inventado me habría restado puntos en la selectividad. Ya no sé por dónde iba. De verdad, me embarco en unos temas que no sé por dónde meterles mano y, encima, me invento unas preguntas que parecen sesudas, pero no es así. "Adolescens", el que está sin terminar, así acabo esta idiotez. Y espero que todos consigan cazar al leopardo, bueno, no, que no está bien matar especies protegidas.     

lunes, 24 de agosto de 2026

Edimburgo V: "Una estampa escolar"


 

A pesar de haber remitido un tanto el calor, aún añoro Edimburgo, y no solo por las temperaturas, ni por los pubs, ni por la cordialidad de los escoceses... Hasta de sus museos me acuerdo. Sobre todo del cuadro que ilustra esta entrada. Se trata de una situación cotidiana en una escuela inglesa del siglo XIX. Una estampa ante la que comprobamos que, por lo visto, una clase repleta de adolescentes, es una clase repleta de adolescentes, en el XIX y en el XXI. Poco ha cambiado la naturaleza de los púberes, a pesar de lo que digan o propongan los pedagogos. 

Si os fijáis bien, al fondo, a la izquierda, un viejo maestro atiende a dos niños. Uno de ellos parece seguir las correcciones del profesor; la chica, descalza, espera paciente su turno. Mientras tanto, en el fondo, junto a la puerta, el grueso del alumnado pelea, disputa y se atropella, no sabemos si por salir cuanto antes de la clase o porque se han enzarzado en una pelea. En la esquina derecha, dos niñas (una sentada y otra de pie), esperan pacientemente a que se aclaren sus compañeros. Alejadas lo suficiente como para no sufrir las consecuencias de su brutalidad. El viejo maestro, o no oye o no quiere oírlos, porque el escándalo de los muchachos pendencieros parece escucharse a través del cuadro. 

Pues bien, nada se parece más a una clase de tercero de ESO del siglo XXI. Ellas, motivadas, maduras, juiciosas, como de una raza distinta a la de ellos: escandalosos, asalvajados, pendencieros y sin ningún interés por lo que diga o proponga un viejo profesor. ¡Qué sosegada edad la temprana adolescencia! ¡Qué alegría volver a compartir próximamente las cuatro paredes del aula con estos infantes atolondrados! ¡Qué siervos tan fieles, "si ovieran buen señor"! O un señor con más energía y menos años, porque, como podemos adivinar en el cuadro, es mucha la paciencia y, sobre todo, el cuajo y el ímpetu necesarios para apaciguar a semejante jauría. Por cierto, el pintor se llama Sir George Harvey y el cuadro está en la Galería Nacional de Edimburgo. No todo van a ser cervezas y güisquis.    

martes, 2 de junio de 2026

El fracaso de la enseñanza moderna

 


La enseñanza moderna, en cuanto al cumplimiento de lo que deberían ser sus objetivos fundamentales, constituye un fracaso, un fracaso en toda regla.  

Vivimos tiempos convulsos (como casi todos), tiempos en los que cabe cuestionarse si hemos mejorado gracias a que la enseñanza está al alcance de cualquier individuo. ¿Ha servido para algo que la educación se haya extendido a todo el mundo, que se haya generalizado, que prácticamente casi el cien por cien de los muchachos tengan obligatoriamente que pasar por las aulas? Indudablemente, el analfabetismo se ha paliado, es una mejora significativa. Recuerdo gente mayor en los setenta y ochenta que ni siquiera sabía leer ni escribir y no cabe duda que acabar con la ignorancia es uno de los fines de la enseñanza. Sí veo un avance notorio en el campo de las ciencias y la tecnología, ¿pero podemos decir que nuestra comunidad es más bondadosa, más racional, menos racista, más coherente, más culta, más sabia, desde que se implantó la enseñanza para todos? ¿Ha servido para hacernos más responsables, más consecuentes y más bondadosos con nosotros y con el prójimo? Según algunos hechos demostrables, esto no es así.

Si de veras pensáramos en los demás, en construir una sociedad más justa y más solidaria, ni se nos ocurriría pensar en dar el voto a menguados, a pazguatos, a gente sin corazón, a embusteros, a embaucadores poderosos o a racistas declarados. Más de cincuenta años de enseñanza para todos, ¿han contribuido a la solución de estas taras? Evidentemente, no. Nunca como ahora he tenido tanto miedo al ver quiénes nos gobiernan o quiénes nos pueden gobernar. Y los elegimos nosotros, los que hemos tenido acceso a la enseñanza moderna. Si de veras la escuela hubiera contribuido en algo a este respecto, sería para mal porque estamos en igual o peor tesitura que nunca en cuanto a nuestra capacidad de elección democrática. Ni ha desaparecido el fascismo (todo lo contrario), ni las tropelías de los poderosos, ni los abusos machistas, ni la tiranía de los que más tienen, ni el racismo, ni el clasismo, ni la aporofobia, ni el hecho consumado de que la mayor parte de quienes llegan al poder se corrompe irremediablemente. Es decir, los males que una enseñanza consecuente debería empeñarse en abolir, siguen ahí, algunos con más fuerza que nunca. Luego, más de cincuenta años de enseñanza general han valido para poco o nos hemos ocupado de otros menesteres, en ocasiones, absurdos.

Los fanatismos religiosos, populistas y nacionalistas siguen más vigorosos que nunca. Estamos en el punto más alto del fervor por procesiones, equipos de fútbol y tradiciones con arraigo sospechoso. Desde luego, la enseñanza no ha servido para evitar que la superstición se haya apoderado de las calles y de las gentes. A nadie se le ocurriría escribir un artículo criticando el fervor por una virgen o por un santo patrón y calificarlo de idolatría absurda, sin reparar en los enfrentamientos a los que te conduciría una afirmación tan racional. El furor que se observa en los aficionados al fútbol cuando su equipo sube a segunda regional o baja a preferente nunca lo había visto tan desmedido. Por los colores de un club, la gente ahora mismo mata. De momento apedrean autobuses, hasta de su mismo equipo. Los convencionalismos cada vez son seguidos inconscientemente, sin ningún espíritu crítico. Eso que aparece en todos los currículos educativos: "fomentar el espíritu crítico", es uno de los mayores fracasos de la enseñanza moderna. No he visto una época tan propensa a dejarse vencer por seguir a la masa (quizás exagero), por ser gregarios. Sí, el hombre es un ser social, pero esto no significa que debamos ser arrastrados por el tumulto que nos rodea al precio que sea. Esa era una función fundamental de la enseñanza, la de hacernos pensar por nosotros mismos, la de no seguir los impulsos irracionales del rebaño. Las redes sociales se apropian de las voluntades con muy poco esfuerzo. Es sorprendente cómo se engaña al personal con tanta facilidad, cómo nos volvemos prosélitos de la idea más absurda, del idiota más violento. Lo de formar el espíritu crítico supone un fracaso total de la enseñanza moderna, sin duda. 

Por último, me centro en mi experiencia en las aulas. A lo largo de mi carrera como profesor he llegado a la conclusión de que el sistema educativo falla en lo más básico: no nos metemos en el aula para generar bondad, responsabilidad ni conocimiento, sino para llenar el tiempo con todo tipo de contenidos, como poco, cuestionables y ajenos al mundo del alumnado; para alejar a los adolescentes de la vida real; para evitar que piensen, que desarrollen las capacidades que poseen y para custodiar durante un tiempo sus vidas. 

Si pensamos en los más de 50 años que trajinamos con la enseñanza moderna (que en absoluto lo es), llegamos a una conclusión devastadora: hemos sido capaces de aupar al poder a verdaderos idiotas y a la vista de las encuestas podemos ir más allá todavía. Ni espíritu crítico, ni capacidad de reflexión, ni mejores personas, ni sociedades más cohesionadas, ni formación humanística, no. Me duele este fracaso evidente porque he sido durante bastante tiempo miembro del sistema. Y no me voy a ir nada contento, os lo aseguro. Me duele ver esvásticas grabadas en los pupitres y dibujadas en las carpetas. Preferiría ver pollas. Me duele ver la repulsión que provocan las aulas. Hemos olvidado los métodos de la Institución Libre de Enseñanza. No sé si darían el mismo resultado, pero habría que probar con otra cosa, eso por descontado.   

¿Cómo se podría enseñar algo a un muchacho sin formar?, en primer lugar, en grupos más pequeños, de 12 máximo, sin calificaciones, sin asignaturas parceladas, sin limitación de espacios, sin exámenes (por supuesto). Es decir, deberíamos hacer justo lo contrario de lo que está estipulado y, aún así, habría que probar su eficacia. De todas formas, cuando en clase me he salido de los márgenes tradicionales, todo ha funcionado mejor que lo establecido como normativo, siempre. No enseñamos a los adolescentes a ser mejores personas, ni promocionamos el espíritu crítico, ni a pensar por ellos mismos ni a fomentar las bases del humanismo. Hay que darle una vuelta al sistema, sí, en lo más profundo. Habría posiblemente que reventarlo (viva Valle-Inclán) para crearlo con nuevos mimbres. O, casi mejor, pulir estos principios metodológicos de la ILE (de finales de siglo XIX, nada menos): 


-Educación Activa: El estudiante como centro del proceso de aprendizaje, no un mero receptor pasivo. Aprender haciendo, experimentando, razonando.

-Cientificismo y Razón: Prima la ciencia, el método experimental y el espíritu crítico sobre la memorización y la autoridad.

-Coeducación: ¡Uno de sus aspectos más revolucionarios! Niños y niñas aprendiendo juntos, algo absolutamente transgresor en el siglo XIX.

-Formación Integral: No solo importaban las materias académicas. El arte, el deporte, la excursión al campo («las colonias escolares»), la higiene y la formación en valores eran clave.

-Formación del Carácter: Educar para la libertad, la responsabilidad y la autonomía personal, no para la obediencia ciega.

miércoles, 20 de mayo de 2026

SADOSINTAXIS Lección 8: "La oración impersonal"



No hace falta que haya un sujeto para formar una oración. No hace falta ver al castigador para notar su fusta. Es más, si nos cubrimos la cabeza con una caperuza de cuero, y la receptora o el receptor del latigazo no sabe de nuestra existencia, el placer del predicado es mucho más intenso. Una relación impersonal tiene un morbo añadido que permite gozar al tímido sin la angustia de buscar el sujeto. Prueba la perversión del anonimato: "Hay castigos sin rostro de lo más placenteros".

SADOSINTAXIS Lección 7: "Activas y pasivas"



Si eres un tío (o tía) vicioso/a y te gusta el riesgo, este va a ser tu ejercicio preferido de sadosintaxis. Imagínate que entras en el salón, te dan la fusta, unos tacones de aguja y te visten con piel de nutria. Imagina que se ofrece ante ti un cuerpo desesperado por ser magullado. Entonces tú serías el sujeto activo y, si tienes el espíritu Sade, gozarás y harás gozar como nunca. El ejemplo de sujeto activo sería el siguiente: "Mi menda azota a su siervo cuando él lo desea". Ya metidos en faena, seguro que te apetece otra tanda, pero ahora con una variación sintáctica que le da el protagonismo al siervo para que se vea que en el sadomaso no hay clasismo real. No hay más que añadir la forma compuesta del verbo "ser" como auxiliar y convertir al "siervo" (CD) en sujeto de la pasiva. El "menda" es ahora complemento agente y debe darlo todo: "El siervo es azotado por mi menda cuando él lo desea". No temas a la sadosintaxis, pruébala en su forma pasiva y en su forma activa.

Sadosintaxis: lección 6, "la partícula "se"



No hay nada que se parezca más a una sesión de sadomaso que una clase con 2º de ESO intentando explicar los usos del "se". Salgo exhausto, fustigado, desollado, laminado, exfoliado, empapado, magullado, roído, apaleado, desfondado... Si el mismo Sade hubiera tenido esta experiencia, no habría hablado de Justine, ni de látigos, ni de fustas, ni de cilicios, ni de castigos corporales. Os recomiendo a todos los masoquistas que no os muráis sin experimentar esta sensación extrema. Y si al final de la clase os preguntan dos o más alumnos: "¿Y esto para qué sirve?"; podéis responderles: "Para gozar como una loca servil, así os lo digo. Probadlo cuando seáis mayores. Hay pocos placeres tan extremos."

Sadosintaxis: lección 5, "la oración copulativa"



Todos sabemos que para copular lo importante no es el nexo, sino los miembros que actúan en la unión. Un sujeto fornido necesita que el atributo le corresponda como merece. Siempre debe haber una intimidad, una complicidad necesaria (de género y de número) entre sujeto y atributo. Lo de menos es el verbo copulativo, que pierde casi todo su significado en la cópula. No importa el látigo, sino el músculo del que golpea y la piel del que recibe. Gozad del predicado nominal y fustigad al atributo hasta hacerle gemir, "ser, estar y parecer" os lo agradecerán hasta el punto de sustituirlo por "lo". Ejemplo: "La fusta en las nalgas es mi ley".

Sadosintaxis. Lección 4: "el sujeto paciente y el complemento agente"

 


Veamos el ejemplo: "Yo fui azotado por el ama hasta el éxtasis". El sujeto ("Yo") padece con gozo la acción; se utiliza el verbo en pasiva ("fui azotado") y es el complemento agente ("por el ama") el que ejercerá de dominadora para darle al sujeto lo suyo. Si transformáramos en activa la oración, el azotado sería el mismo, aunque en función de CD; y el "ama" se convertiría en sujeto. El mismo precio.
El ejemplo no se ha extraído del "Libro de la vida" de Teresa de Jesús, pero podría serlo. Ella también sabía cómo llegar a la sublimación del alma con el castigo del cuerpo. De sintaxis no sé cómo iba, supongo que bien.

Sadosintaxis: lección 3, "complemento circunstancial de amor"

 


No está reconocido por los gramáticos. Se trata de una aportación que un alumno de 2º de ESO me dejó hace muchos años en un examen. Dada la categoría semántica de los complementos circunstanciales, por qué no incluir el de amor (también está el de compañía, que merecerá una lección propia). Veamos el ejemplo: "Cuando me das con la fusta en las nalgas, se me licua el alma". En esta oración, "con la fusta" podría considerarse, según nuestro método revolucionario de análisis, un complemento circunstancial de amor de la subordinada adverbial temporal. No se recomienda practicarlo si se tienen las posaderas tiernas (ver imagen).

Sadosintaxis: lección 2, "coordinadas copulativas"



Entre los miembros (y miembras*) de las coordinadas copulativas no hay ninguna subordinación, ningún sometimiento sintáctico. Todo es libertad e independencia. Están unidas por cadenas ("y, e, ni") que las relacionan íntimamente para gozar de la perversión de lo semántico. Tomad ejemplo de la imagen, convocad a unas amigas y practicad en casa o en el gimnasio.

Sadosintaxis: Lección 1, "la subordinación sustantiva"

 


Obsérvese en la imagen que todos los subordinados sustantivos se pueden sustituir por "eso". Hagan prácticas en casa.

miércoles, 6 de mayo de 2026

El teatro

 



Lo he dicho muchas veces y no me canso de repetirlo, el teatro es un recurso pedagógico infalible. Ayer mismo, alumnos de 1º, 2º de la ESO y Diversificación hicieron una representación magnífica de una comedia, delante de bastante público, en un auditorio muy digno. Solo tendríais que haber visto la cara de felicidad absoluta que se desprendía de sus rostros después de la representación (y también la nuestra, la de los profesores que nos embarcamos en la empresa). Opuesta a la que les solemos ver en clase de Matemáticas o de Lengua. Sí, el teatro consigue hacerles disfrutar casi tanto como aborrecen nuestros métodos educativos. Y no solo eso, siempre que hemos organizado un espectáculo teatral con ellos, es mayoritaria la presencia de alumnado muy especial, con sensibilidad distinta, incluso, a veces, con problemas de acoso y de aislamiento. El teatro, entonces, se convierte en una solución mágica para situaciones que aparentemente no se pueden paliar y desembocan a menudo en tragedias de mayor o menor intensidad. Me emociona ver cómo chicos que viven su paso por el instituto completamente aislados, con un penar constante, se integran en el grupo de teatro y poco a poco se sienten parte de una comunidad indisoluble, de solidaridad necesaria, parte insustituible de un engranaje maravilloso cuyo objetivo es convertirse en otros, salir de su naturaleza, asumir otra distinta, despojarse de la realidad. El efecto que provocan en ellos los ensayos y, luego, la puesta en escena es justo el inverso al de las clases magistrales, tediosas, asfixiantes, faltas de toda justificación. El teatro, para quien se integra en una compañía (más para un adolescente), es siempre una fiesta y, además, soluciona conflictos aparentemente irresolubles, endulza soledades y acciona mecanismos de defensa ocultos bajo la piel herida de individuos especialmente sensibles a la violencia social de los mundos juveniles. Dejad que se disfracen, que se maquillen, que se transformen y colgad la toga de jueces implacables. El beneficio será mutuo. 

Por cierto, en la foto estamos deformados, somos mucho más jóvenes (todos).     





viernes, 3 de abril de 2026

Adolescencia



Pocas veces (a lo mejor nunca) he mantenido una conversación tan sesuda con un alumno como la de anteayer. Y lo mejor, tan sesuda como poco forzada. Ofelia, la prometida de Shakespeare, ha sido el detonante. Me preguntaba él cómo podía relacionar en su comentario el asunto del paso de la inocencia a la madurez en Hamlet. Yo le he intentado explicar que el comportamiento del príncipe Hamlet, cuando el espíritu de su padre lo empuja a tomar venganza, representa, de alguna forma, la entrada en el mundo de las responsabilidades angustiosas. Y Ofelia es la primera víctima. El alumno ocupa parte de su tiempo de ocio en leer a Descartes, Kafka o Camus. Por suerte, yo llevo más de 30 años con este veneno de la literatura. Si me hubiera preguntado a los 17, seguramente no lo habría comprendido. Y lo más paradójico, pocas veces (a lo mejor nunca) tengo posibilidad de entusiasmarme por una conversación literaria con gente de mi edad, o de 50 o de 40. Es chocante conectar mejor intelectualmente con un chico de 17 que con un coetáneo, muy chocante. Pero este discurso no engrana con el lugar común de la denigración de la adolescencia. No sé si va a ser tenido en cuenta.

martes, 3 de febrero de 2026

El bálsamo de Fierabrás


 

Es sorprendente el cruce de referencias vitales que en ocasiones se dan cuando uno está leyendo un libro o viendo una película. El entramado literario, a veces, parece elegido adrede para interferir en la vida misma, para sustituirla. Leo Los veranos de Cervantes de Antonio Muñoz Molina. El autor aprovecha sus vivencias y lecturas para conectarlas directamente con los personajes y las aventuras del caballero andante más famoso de la literatura universal. Molina hace un viaje a El Toboso y descubre su silencio, la detención del tiempo, la mole de la iglesia y el museo de Dulcinea, cerrado ese día. La mañana anterior a la lectura del episodio en el que Sancho y don Quijote entran en el lugar de Dulcinea, me voy de ruta quijotesca con un grupo de jubilados. Visitamos (nosotros sí) el museo de Dulcinea, pero lo más chocante es la impresión que me deja El Toboso. Coincide casi exactamente con la que transmite Muñoz Molina en Los veranos de Cervantes. El pueblo vacío, anclado en el tiempo. El don Quijote de forja postrado ante la metálica Aldonza Lorenzo. Cerca, la iglesia, imponente, me une indisolublemente no solo al libro de don Miguel, sino también al de Antonio. Atravieso la literatura con la vida misma y un escalofrío me asalta, como si estuviera viendo fantasmas, espíritus regresados de allá lejos, del pasado más cercano y más lejano. Muñoz Molina viaja en coche, acompañado por su mujer; yo, en autobús, con 53 jubilados matriculados en la Universidad de la Vida (qué paradoja); don Quijote en Rocinante, escoltado por su fiel Sancho Panza. Todos entramos en el silencio abrumador del lugar manchego, oímos el mallar de los gatos, el ladrido de los perros, el sosiego abrumador de sus calles, la agridulce compañía del tiempo en suspenso. Porque en El Toboso ha sido donde nos hemos encontrado: mi pasión por la novela de Cervantes, la adoración de Antonio Muñoz Molina por ella y la persistente locura del caballero andante por encontrar a una dama inexistente. 

Todo es silencio, todo es búsqueda de imposibles, todo es evasión. Muñoz Molina nos habla de su estado depresivo y de que solo la lectura del Quijote lo levanta de la murria y la desidia. Yo también encuentro en los libros una fuga, una vida más real incluso que la que aún disfruto. Don Quijote vive su locura como un aliento necesario a la monotonía inane de un hidalgo rural. Es chocante, solo me siento conectado al mundo, a la vida, a la realidad, a través de dos personajes de ficción y de un novelista, a quien también percibo como alguien irreal y desconocido. No hay psicólogo que pueda superar esta terapia. El humor y la parodia del Quijote es el bálsamo de Fierabrás, sin ninguna duda. Es lo único que le falta a Molina, el humor.    

     

domingo, 8 de junio de 2025

Las aventuras del joven Cervantes III


 

Cervantes llega a Roma para cumplir allí los 22 años. No creáis que entonces, 1569, se celebraban estas fechas con bandas de míster ni con globos, ¡ni por pienso! (cómo me gusta esta expresión). Cervantes ni siquiera recuerda con exactitud el día de su nacimiento (no está para tonterías). 

De los muchos lugares que quedan impresos en las pupilas de Miguel, serán Ferrara y Florencia los destacados. Queda deslumbrado ante el lujo, el buen gusto y la modernidad de esas ciudades, tan distintas de Madrid o Sevilla. En el camino (había tiempo y mucho) conoce a unos titiriteros con los que ensaya sus primeros balbuceos en toscano. Le place enormemente ese acento festivo y cordial. Le huele a latín, a esa lengua que no terminó de aprender con el bachiller López de Hoyos. En un principio desconfía de sus compañeros de viaje, aunque su dominio del estoque y la menguada apariencia de los cómicos, le dan una cierta tranquilidad. Las posadas, como las castellanas y aragonesas, son lugares donde, al amor de la lumbre, lo mismo se puede oír recitar la Jerusalem conquistada del perseguido Tasso, que te puede asaltar un desgraciado y acuchillarte para arrancarte la bolsa. No es que Cervantes lleve mucho dinero, pero sí guarda a buen recaudo la recomendación de un tío suyo (también de apellido Cervantes) para instalarse con el cardenal Acquaviva. No hay nada mejor que las recomendaciones (o enchufes, vamos) para no pasar penurias, tanto en Roma como en Madrid. Y dejar de una vez esos jergones de paja molida de las posadas, repletos de chinches y pulgas saltarinas. 

La última noche, antes de llegar a la ciudad de los papas, tiene suerte y escucha en un italiano diáfano el capítulo donde Orlando se vuelve loco de amor por una princesa y se larga a una peña en el bosque para descargar su ira. La memoria de Miguel es prodigiosa (eso asegura el bachiller López de Hoyos y también su hermana Andrea) y guarda en el caletre ese pasaje del Orlando furioso del divino Ariosto ("para cuando escriba un poema épico", piensa el joven alcalaíno). Los huéspedes escuchan los versos, entre los vapores del vino y la pesadez de un guiso de osobuco un tanto pasado. Algunos caen dormidos sobre las mesas y otros se entusiasman y gritan como si quisieran castigar a Andrómeda, la princesa que ha rechazado al héroe del poema épico.  

Llega a Roma, por fin, como prófugo de la justicia (recordadlo), pero durante su primer día en la ciudad no se acuerda de su condición adversa. Este primer día lo tendría que haber contado en este episodio, pero la cabeza propone y el diablo de la digresión dispone. Os convoco para el próximo, en el que os aseguró que descubriré las verdaderas peripecias del joven Cervantes, tal y como ocurrieron, sin lugar a ninguna duda, en ese primer día bajo el cielo romano y con sus 22 primaveras recién cumplidas.    

miércoles, 4 de junio de 2025

Vendernos



Vender lo que uno hace, ya sean cuadros, libros, pulseras de plástico, pendientes de pasta de papel, canciones, vídeos de TikTok, pamelas de colores... Vender lo que uno confecciona, no para ganar dinero exclusivamente, sino, sobre todo, para engordar el ego, para que la gente te rodee, te aclame y te dore la píldora hasta reventar de aire pestilente. "Escribo para mí mismo", falso. Nadie, en esta edad del trapicheo, de la exposición pública, nadie escribe ni esculpe, ni hace vídeos por entretenimiento o por engrandecer su espíritu, que no. Todos actuamos para que se nos acepte, se nos adule, se nos aclame. Y esta tendencia la veo hasta en el desempeño de la enseñanza. Observo desde hace años una obsesión absurda por caer bien al alumnado. No para acercarse a él con la intención de inculcarle de mejor manera los bolos alimenticios que nos prepara la Administración, sino para ser popular entre ellos, única y exclusivamente, sin otro fin mayor. 
Ha calado el mensaje pueril de esas películas americanas de instituto donde la máxima aspiración de un individuo consiste en ser popular, famoso, sea al precio que sea. Los frikis que no alcanzan ese sueño son infelices y desgraciados. Este mensaje, tan infantil como idiotizante, ha calado en todos los gremios: cantantes, escritores, periodistas, merceros... Todos se (nos) desvivimos por ser reconocidos, por alcanzar esos "me gusta" tan absurdos como trumpistas.