lunes, 22 de junio de 2026

Carolina Durante


 

Robad las llaves de la residencia de ancianos. Quedad con un colega guay que os proporcione entradas. Id de conciertos, no os cortéis. Elegid un grupo guitarrero, con nervio, de los que te hacían vibrar en los setenta y ochenta, y olvidaos de la edad. Id a repostar a la barra las veces que haga falta. Si a la vuelta no encontráis a los colegas, no importa, todos en esa experiencia lisérgica son colegas (más jóvenes, pero colegas). Dejad que el rock, el punk, o algo parecido os ponga en órbita. Vais a sentir cómo van desapareciendo los años, cómo las rodillas no te duelen al saltar, cómo vuelven los cincuenta, los cuarenta, los treinta... Ahora sí, todos son colegas, hasta coincidís en la edad. Sí, es la misma sensación que cuando escuchasteis a Tequila o a Burning, a los dieciséis. Sí, si uno se empeña puede bajar hasta la adolescencia y arrodillarse y revolcarse por el suelo. ¿Quién ha dicho que no existe la máquina del tiempo? Probad y recuperaréis el ímpetu olvidado, la fuerza de vivir, el ansia de beberte el vaso de cerveza de un trago, las ganas de saltar, de abrazarte con todos los colegas del mundo, de comerte el mundo (olvidarás a Gil de Biedma). 

Y, bueno, todo tiene un precio. Cuando para la música, es posible que hayáis perdido las llaves de la residencia, es posible que no recordéis dónde está o hasta es posible que no atinéis con el ojo de la cerradura. Y sí, al día siguiente comprobaréis que no os podéis mover, que la noche os ha devuelto de golpe todos los años. No pasa nada, son efectos secundarios que no suelen durar más de tres días. 

Id de conciertos, a Carolina Durante, por ejemplo. En la residencia, no suenan igual, no hay efecto lisérgico. La poción no funciona. 

La foto es horrorosa, porque la hice yo. 

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