domingo, 17 de mayo de 2026

Chéjov, un amigo





¿Será cosa de la edad o de mi degeneración como ser social? Estoy conociendo a mucha gente nueva y es tan penosa la impresión que saco de la gran mayoría que me da por pensar: el problema es mi exigencia, la falta de criterio o una mengua flagrante de mi tolerancia a la idiocia. Yo me considero medio imbécil en muchos de mis comportamientos, pero la sensación que tengo en los últimos tiempos sobre la condición humana es penosa, de mediocridad total. A pesar de necesitar casi como el agua el contacto social, en los últimos encuentros he salido escaldado, como polluelo que cae en agua hirviendo. He preferido refugiarme en casa a seguir la jarana de bar en bar (algo que amo desde que tengo uso de hígado). Tan poca chicha y gracia les encuentro a las conversaciones que termino por claudicar. De todas formas, he sacado una conclusión evidente: aquellas personas con las que no te aburres y te gustaría alargar la velada hasta caer redondo al suelo, esas hay que cuidarlas como a gobernante honesto. El de la foto es Chéjov, el amigo que siempre quise tener.

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