domingo, 9 de julio de 2023

Vitoria en jazz



El País Vasco es un destino ideal para pasar unos días de verano. Me gusta el País Vasco, me gustan sus gentes y siempre que he venido he disfrutado como un salvaje de todo lo que se ofrece aquí. Hay tres cualidades que me excitan especialmente: su manera de cagarse en dios, tan intensa, tan sincera, tan potente; sus pintxos y su clima. Luego podríamos hablar de algunas otras, como el cuidado que ponen en la conservación de sus calles y sus edificios, el paisaje maravilloso que te sosiega el alma y la nobleza de sus gentes (como decía Sanchís Sinisterra en el Florido pensil). Por si fuera poco, estoy en Vitoria, una ciudad habilitada para peatones y ciclistas y no para los automóviles. Una ciudad donde se celebra, entre otros acontecimientos, un festival de jazz maravilloso. 

Hemos tenido la oportunidad de escuchar de momento a dos grupos que nos han levantado el ánimo, nos han revitalizado, a nosotros, viajeros maduros (por no decir viejos), a los que es difícil emocionar. Un pianista y una saxofonista americana nos han espabilado después de andar de cerveza en cerveza por las tabernas de la ciudad. Adrián Royo y Chelsea Carmichael se llaman. Nos han elevado el ánimo, nos han deslumbrado, nos han vuelto devotos del jazz moderno. Él, delicado, virtuoso; ella, potente, intensa, salvaje. Tras pasear por los parques de Vitoria y de comer en un caserón del siglo XV ("El Portalón") nada mejor que un espléndido achuchón estético de la mano de estos músicos jóvenes y animosos. Luego fuimos a Cuchillería a comprobar si don Celedón había llegado. Nos ha parecido verlo, sí. 

lunes, 26 de junio de 2023

Loa al amor femenino



Últimamente padecía de días negros y de otros más negros todavía, sin embargo, hoy no ha salido el sol por la cueva de Montesinos, como solía suceder, hoy unas compañeras se han acordado de mí, me han hecho padre en todos los sentidos, me agradecen "mi amistad", me dicen que les he dado "sabiduría y vida", me dicen que "las llenaba de alegría" y  no sabéis lo que reconfortan esas palabras en ánimos menguados. He recobrado la alegría de vivir con mis compañeras de departamento (Patri, Elena y Ani), con Elena y Merce y con un viaje a Portugal que se desarrolló de manera estrafalaria, divertida y explosiva (Nuria, Ana y Anaís). Qué casualidad que solo sean mujeres las que me han salvado de la incuria (me olvido de Javi, pero él sabe que es una mujer). Y hoy me he sentido especialmente querido, abrazado, vivo. Sobre todo, y esto es la causa fundamental de este panegírico, porque me han regalado una botella de Finca Terrerazo, licor de dioses. Nada ni nadie puede superar esta dádiva, solo el güisqui etiqueta negra que me regalaron las chicas de mi departamento o los vinos y tardes de cine, teatro y copas de Elena y Merce. Glorias alcohólicas, glorias absolutas al amor femenino. Javi, tú sabes que eres una mujer.   

domingo, 25 de junio de 2023

Solitarios

 Hoy he escuchado un programa de radio del genial Ortega dedicado a los solitarios. Tres especímenes de su ganadería le han explicado cómo combaten la soledad: la primera, una viuda a la que no visitan ni sus nietos, tomó la determinación de irse con su silla de tijera a casa de Jordi Hurtado y pasa allí todas las tardes, eso sí, sin molestar y sin ir al baño, la reconforta el "calor humano" de ese hogar; el segundo es un señor que se ha convencido de que su soledad es deseada y cómo lo consigue, pues muy fácil, se graba a sí mismo como si fuera un amigo y se invita a fiestas y encuentros que declina siempre; la tercera confiesa que de todos los que han llamado, ella es la que ha hecho la cosa más extraña para no sentirse sola, después de decirlo, el locutor se espanta de su decisión. 

Bueno, tras oírlos, llego a la conclusión de que, a pesar de sus extravagancias, yo también utilizo el recurso de la primera oyente: mis amigas Elena y Merce son para mí, mis Jordi Hurtado, he invadido su casa (aunque todavía no me llevo la silla de tijera) y a diferencia de la participante en el programa, sí utilizo su baño y sí participo en sus conversaciones. También hago uso del recurso del segundo oyente, me intento convencer a mí mismo de que he elegido yo la soledad. No me grabo, pero casi. Me convenzo de que no debo salir, de que tengo que escribir o leer o ver una serie, porque mi soledad es más fructífera que la compañía. Respecto a la tercera oyente, tampoco yo me atrevo apenas ni a nombrarlo. La tercera oyente ha decidido para aliviar su soledad, aunque parezca la mayor de las aberraciones, casarse, sí, nada más y nada menos. 

jueves, 8 de junio de 2023

Libros de texto



Los departamentos pedagógicos de nuestro centro (y supongo que los de toda España) han sido invadidos por los nuevos libros de texto. Las editoriales, desde hace unos meses, no paran de enviar muestras y más muestras de lo que se supone son nuevos materiales adaptados a la reciente ley educativa. Si tuviéramos que revisar todos los que han mandado, tendríamos que emplear un curso entero y, aun así, no creo que nos diera tiempo a analizarlos con solvencia. Además, los pocos que hemos ojeado, mantienen propuestas similares a las que llevamos viendo desde hace muchísimos años. La adaptación a la nueva ley es meramente terminológica, la estructura y el contenido de dichos textos son similares a los de hace más de quince años. Hoy acabamos de recibir uno que, según la comercial, ofrecía nuevas propuestas basadas en proyectos. De hecho, el libro se hace llamar "Situaciones". Esperábamos encontrar la panacea para aplicar de manera concreta esas famosas "situaciones de aprendizaje" en las que se basa la nueva ley; pero al abrirlo, ¡oh, sorpresa!, ni rastro de nuevas propuestas, ni de proyectos ni nada de nada. La misma estructura organizativa y teórica de siempre. 

Las editoriales están sin duda alarmadas porque cada vez se utilizan menos libros en las aulas y, ¡oh, casualidad!, desde hace unas semanas circula por la prensa un artículo en el que se habla de que Suecia ha abandonado el método de las pantallas para volver a los libros de texto (¿quién lo habrá patrocinado?). A mí no me importaría elegir un libro de texto si de veras fuera efectivo y útil, si propusiera actividades y proyectos innovadores e imaginativos, pero las editoriales dedican el gasto imaginativo exclusivamente en el marketing. En vez de innovar en la estructura y contenidos de dichos libros, mandan, entre paja artificial, regalitos como una brújula, una lupa o tizas de colores. Por favor, señores empresarios, si el fin es el de volver a la tradición podrían ser consecuentes y enviar como regalo una palmeta, una Enciclopedia Álvarez, una pluma de ganso y un crucifijo o si de verdad quieren sorprendernos y agradarnos, que manden un satisfayer o nos sufraguen un curso de digitilización.  

domingo, 4 de junio de 2023

Eva y Roma


 

Eva amaba Roma, con delirio. Su decadencia, sus ruinas, su pasado glorioso, el Panteón, el Trastévere, la plaza Navonna, no sé. Hoy he vuelto a ver Amarcord y, luego, 8 y medio, de Fellini. Yo aficioné a Eva a las películas de Fellini; bueno, yo no, Roma. Estoy convencido de que si ella hubiera conocido a un Marcello Mastroianni no habría desarrollado esa enfermedad desastrosa, obscena, inmisericorde. Ella podría haber sido Claudia Cardinale y llevarse a Marcello a su casa y dejarme a mí, que no le aportaba nada. Me lo dijo muchas veces: "Si Mastroianni fuera más joven y me echara los trastos, te dejaría", "harías muy bien", le decía yo. Me lo decía en broma, pero yo lo decía en serio. Ojalá Mastroianni se la hubiera llevado a los estudios de Cinecittá. Ahora estaría viva, recordando al viejo Marcello desde el centro del Foro y yo la visitaría, subiría a lo alto de la estructura que aparece en 8 y medio para abrazarla entre la niebla, como el abuelo de Amarcord. Roma es melancolía, nostalgia y ensoñación. Roma es Eva.

viernes, 2 de junio de 2023

Diarios de Albacete (4)


 

En mitad de la zona de juerga de Albacete, hay una iglesia de construcción moderna. Me choca, porque parece haberse levantado expresamente para recoger a las almas descarriadas que los viernes y los sábados (y algún otro día entre semana) se besan, se manosean, beben, comen, vomitan y algunos hasta coítan. No me extrañaría que cualquier día saliera el párroco, recogiera la escoria viciosa de las calles, la fuera sentando en los bancos del templo y la preparara, con una colleja admonitoria, para la misa de doce. El edificio está situado en el lugar ideal: la intersección de la ruta de paso de los embriagados, los dispersos y los ansiosos. En los tugurios de alrededor, hay chicas en la puerta que animan a consumir bebidas muy espirituosas (delicioso adjetivo). ¿Por qué en el pórtico del templo no se coloca un monaguillo ataviado con una casulla de puntilla para atraer al interior a toda esa gente desorientada. La Iglesia, parece mentira, está desaprovechando un filón: una oportunidad de reclutamiento gratuito y numeroso. ¿Quién, con un tanto así de conciencia, no entraría a confesar sus pecados después de haber ingerido siete cubatas y una botella de vino, después de echar un polvo extraño en la oscuridad de un baño o de haber recibido veinte negativas de aproximación sexual? Despierten, señores obispos, señores párrocos. Tienen en sus mismas narices a los acólitos que ya les van faltando.

Por cierto, hoy tampoco han venido a La Botica ni Vila Matas ni el señor mayor del pelo blanco. Estoy preocupado. Por todo. 

Una pareja (chico y chica) de unos veintimuchos años se sienta en la mesa de enfrente. Ella deja desmayada su mano sobre la mesa para que él se la coja. No lo hace. La evita. La conversación es cordial, ella se insinúa, pero creo que él es homosexual, no sé por qué. Les sirven té en tazas de cerámica moderna. Ella sonríe todo el tiempo, se muestra entregada, lúbrica, a pesar del té. Él no, él está distante. Apoya la barbilla en la palma de la mano y mira con melancolía a un bigardo medio barbudo que se acaba de sentar en la mesa de al lado. Y Vila Matas sin venir. Y Almodóvar tampoco.

jueves, 1 de junio de 2023

Diarios de Albacete (3)



 Hoy no está en "La Botica" Vila Matas ni tampoco el señor mayor del pelo blanco (no, no soy yo, es mucho más viejo). Somos los tres asiduos al local y me apena no verlos. Es como cuando entras en casa y no hay nadie (bueno, igual no es).

El recital poético de Alejandro Duque-Amusco en el Teatro Circo me reconcilió con estos actos. Un poeta firme, clásico, sin aspavientos, de palabra suave y relato pausado (se parecía al señor mayor de La Botica). Nos introdujo en su poesía con la calidez de un profesor conocedor de su oficio y del arte poética. Amigo y estudioso de Vicente Aleixandre, su poemario Un único corazón me ha devuelto a las rutas navegables de los océanos poéticos. Me alivian las palabras hondas, por muy tremendas que sean, por muy descarnadas que se muestren.

Vila Matas no viene y lo que es peor (por lo que puede suponer), el señor mayor del pelo blanco tampoco. Me pediré otra cerveza con la excusa de verlos aparecer por la puerta, los dos con su tranco entrecortado. Total, en casa no me espera nadie, solo Galatea, que sigue creciendo y demostrándome que tampoco estoy tan a la greña con la Naturaleza. 

Mañana compraré otra libreta. Estoy en las últimas páginas de esta, que comienza con una retahíla de direcciones de pisos en Albacete, que comienza con una fecha aterradora, "agosto de 2022". También hay una reseña de Fresas salvajes de Ingmar Bergman. La escribí yo mismo en esa fecha fatídica y me conmociona leerla: "Al protagonista, en uno de sus sueños, lo condenan a la pena de la soledad por no haberse comportado correctamente con su mujer, muerta ya hace algunos años". Encierra este cuaderno, además, crónicas de viajes (Berlín, Nápoles, Cádiz, Portugal). Un periplo de la huida, del desarraigo, de la escapada. Y también, como no, reseñas de obras de teatro de Lope, siempre Lope. 

Al final no han venido, ni Vila Matas ni el señor maduro. Somos los únicos que solemos estar solos en las mesas. Hoy yo era el único. No me parece bien. 

La dama boba y los exámenes


 

La semana pasada hicimos teatro. No sé cómo, pero he conseguido que alumnos de 1º de bachillerato representen unos fragmentos de La dama boba para casi todo el instituto. Entramos en las clases y escenificamos quince minutos de escenas cómicas y atropelladas, adaptadas por ellos mismos. "Teatro por irrupción" lo hemos llamado. No lo había planificado. Se me ocurrió un día, sobre la marcha, al hilo de una actividad que hace mi amiga Merce, y el proyecto fue tomando un cuerpo muy sugerente, determinado por la implicación de los chicos (bueno, sobre todo de las chicas). El impulsor más efectivo ha sido la "amenaza" de los exámenes. Si conseguían que el teatro fuera para adelante, los eximiría de las pruebas fatales de sintaxis e historia de la literatura. Con ese recurso he conseguido que se impliquen en el teatro hasta la médula. Sin apenas darse cuenta, la mayoría se ha ido entusiasmando por la magia de la representación escénica. Hasta doce pases en tres días. Lope estaría orgulloso, seguro; los pedagogos de la LOGSE, LOMLOE, LOE, LOMCE, etc., no tanto. 

Estoy comenzando odiar los exámenes todavía más que los propios alumnos. Y estoy comprobando que, cuantos más exámenes pone un profesor, más incompetente es. No quiere decir esto que quien no los utiliza sea competente per se, ni por pienso. El examen no es una herramienta perversa ni inútil por sí misma, por supuesto que no, pero no se puede convertir en el único recurso para que atiendan en las clases. Y, partiendo de este supuesto, podríamos desplegar un catálogo de ejemplares de la enseñanza actual: 

1. El profesor que pone muchos exámenes para reivindicar su asignatura y darle importancia de cara a sus alumnos, porque es incapaz de captar su atención de otra forma. 

2. El profesor timorato que cree que sin exámenes no se aprende y que sin ellos perderá todo su caché como enseñante. 

3. El profesor que hace exámenes (muchos y casi todos tipo test) para dar menos clases (los hay).

4. Los profesores que se estimulan casi eróticamente al comprobar cómo sus alumnos se obsesionan con su materia el día de la prueba. 

5. Los profesores que ponen exámenes para mantener la tensión del alumnado, pero no los corrigen porque cansa mucho. 

6. Los profesores sádicos que disfrutan viendo el sufrimiento del alumnado ante la prueba inexorable. 

7. Los profesores que nunca han visto a nadie que no ponga exámenes y les asusta salirse de la norma. 

8. Los profesores responsables plenamente convencidos de que sin exámenes no es posible enseñar nada y que no prepararían a los alumnos para la competición de la vida. 

9.  Los profesores que creen imprescindibles los exámenes para enseñar al alumno a hacer exámenes.

Repito, no estoy en contra de poner exámenes, simplemente los odio por su instrumentalización perversa. Cuando el profesorado en general se entera de que hay una materia donde no emplean dicha herramienta, se lanzan sobre ella para robarle tiempo y utilizarlo para que los chicos realicen sus pruebas interminables. Porque están convencidos, y esa es la perversión, de que en esas materias sin exámenes el profesor es un chiquilicuatre que no respeta los cimientos de la educación convencional (y posiblemente estén en lo cierto). 

Si no hubiéramos representado La dama boba, si no hubiéramos actualizado los versos de Lope, si no los hubiéramos trabajado, memorizado, ensayado y dramatizado, les habría ensartado una ristra de nombres, fechas, títulos y teorías infumables. Las habría trufado con unas clases de sintaxis (esa perla) para colocarles el último día un hermoso examen. Para mí habría resultado más fácil y también más aburrido. Para ellos, no te digo. ¿Cómo habrían aprendido más? Yo lo tengo muy claro y cualquiera que los viera actuar también. Sí, hemos roto las reglas (como Lope) y me han perdido el garrote de mi padre, pero, sin duda ha valido la pena. A Baltasar Gracián ni lo han oído nombrar, pero a Nise y a Finea las conocen hasta en su último pensamiento. ¡Ah!, ¿que no sabéis quiénes son? Las alumnas, sí.  

martes, 30 de mayo de 2023

Palabras


 

Las palabras llaman a nuevas palabras,

es una obviedad. Palabras

como barcos que surgen de la niebla,

palabras de Alejandro Duque,

anoche en un teatro dorado;

o de Baudelaire,

esta mañana de literatura,

con chicas apasionadas 

por el misterio de los versos,

por la sangre de la absenta. 

Las palabras llaman a nuevas palabras,

es una obviedad,

las llaman en tropel,

como los venenos desatados 

de Baudelaire;

o se susurran,

como las esencias claras y profundas 

de Alejandro Duque.

Todos sabemos que no hablaríamos,

que no diríamos versos,

si no los hubiéramos escuchado,

todos lo sabemos.

Pero nadie sabe quién dijo el primero,

quién extrajo la palabra del vacío,

del silencio, 

del caos,

de la nada. 


lunes, 29 de mayo de 2023

Cincuenta y siete años




Hoy cumple 57 años Galatea, sí, 57. No puedo regalarle otra cosa que mi tristeza, mi nostalgia. La añoro como nunca creí que podría extrañar a nadie, con la espalda rota de arrastrarla conmigo, con los ojos arrasados por no poder verla, con la piel cuarteada por un envejecimiento prematuro de toda mi alma. Hoy cumple 57 años y yo me refugio, como hago desde que se fue, en los más hondos recovecos de la pena. Las voces se han acallado, las calles están vacías, los montes se deshojaron, mi capacidad de enredar con las palabras se perdió el día que la despedí, agarrada a mi mano, el último asidero que la sujetaba a la vida. No quería irse, no quería. Deseaba más que nadie cumplir 57 años y no pudo, la terrible enfermedad le usurpó la esperanza sencilla de vivir una madurez tranquila, rodeada de bosques y estrellas. No pudo. Un tremendo dolor, ese es mi regalo de cumpleaños, un tremendo dolor que, desde la soledad más absoluta, me desata en lágrimas, en lamentos incontenibles. 

Galatea sigue creciendo, resuelta en hojas verdes, sigue creciendo, alimentando mi pena. La contemplo, hablo con ella, espero que algún día se transforme en lo que era. Esperanza baldía, literaria, nada más que literaria. Ya no puedo hablar de felicidad, no puedo desear feliz cumpleaños a nadie, solo a mi sombra, a su sombra, a su recuerdo, a su ausencia, a su no ser, a su transparencia, a su intangibilidad, al viento que me trae aromas de su cuerpo, a la maldita imaginación que me la devuelve en sueños casi corpórea. Aunque no seas, yo te sigo viendo crecer. Oigo a Chet Baker y el poder de la música me devuelve tu imagen, tu vitalidad, tu firme y amorosa manera de mirarme. Te fuiste, pero no te vas a ir nunca. 

viernes, 26 de mayo de 2023

La chica de la cabeza de algodón

 La chica de la cabeza redonda sale del paritorio. Es sonrosada como una bola de algodón, pequeña como un cromo y única como la rosa. La chica de la cabeza mondada llora moderadamente, acunada en los brazos de su madre y se retuerce despaciosa como si aún estuviera nadando en el líquido amniótico. La chica de la cabeza privilegiada sabe que el mar la espera allá afuera, el mar y el azahar. Es un 26 de mayo de 2000. Anuncia el siglo nuevo con su cabeza de lino, con su llanto de amapola. Ella, la chica de la cabeza delicada, pronto se agarra del pezón de su madre, hambrienta, deseosa de estrenar la vida. Se agarra pronto a mi dedo para comunicarme que ahí está, que quiere viajar con nosotros allá adonde vayamos, allá lejos de los líquidos amnióticos y los cordones umbilicales. La chica de la cabeza digital será, tras 23 años, tan sedosa como en el paritorio, tan suave como las azucenas, tan maravillosa como la lluvia en Sevilla. 

Escribir

La literatura, perdón, escribir, me salva de muchas calamidades. Por ejemplo, de sentirme aislado en el mundo o de sentirme demasiado acompañado. Me sirve para desalojar los gusanos que me destrozan; o para conectar con gente limpia o no tan limpia; o para entretenerme, para ocupar tanto tiempo vacío; o para no sentirme yo mismo o para tentarme real o para desmarcarme de la realidad o para no tirarme por la ventana o para calmar vanidades o para acrecentarlas o para despotricar de los que me rodean o para amarlos o para adorarme a mí mismo o para odiarme o para no llorar o para martirizarme o para curarme o para sosegarme o para enervarme o para desencajar las angustias de sus goznes o para ordenar el mundo o para descalabrarlo... Escribir es un hábito pernicioso, un hábito maravilloso, una costumbre narcisista, un vínculo social, una llama apagada, un venero seco, un oxímoron. Y después de tantas contradicciones y tantas chorradas, afirmo que escribir es para mí, ahora mismo, la mitad de mi vida. La otra ronda otras latitudes, otros páramos, otras dimensiones.  

Alma cumple 23

Que ya cumples veintitrés,

nada más ni nada menos.

Recuerdo mirar tus pies

con dedos gordos bien llenos.

¿Te parecías a quién?,

¿a un señor de Albacete,

 a una rosa de satén? 

¡Qué bien te veo en Sevilla!,

con Raúl y colocada.

 La vida en tus ojos brilla

y no te hace falta nada.

Telesforo te saluda,

desde tu infancia te mima,

que aunque fueras muy menuda,

siempre te tiene en la cima.

Tu madre disfrutaría

viéndote cómo haces tratos

con la ONU, día a día,

y amando a todos los gatos.

Veintitrés cumples de edad,

ojalá pudiera verte,

porque eres mi otra mitad,

la vida me da esa suerte.

 


martes, 23 de mayo de 2023

Diarios de Albacete (2)


 

Soy un recio bebedor de cerveza, un perlático en ciernes, un aspirante a Poe, aunque creo que Poe bebía licores más serios. ¿De qué será mejor morir, de "delirium tremens" o de aburrimiento o de desidia o de un recital poético o atropellado por un patinete eléctrico? No lo sé, todo es probarlo. La gente se muere de cualquier cosa y luego no explican su experiencia. Ese es el problema.

Ha vuelto a entrar en La Botica el doble de Vila Matas. Este solo bebe cafés con leche de soja. ¿Sera fácil morir de empacho así? Todo es posible. Vigilaré a este Vila Matas de Albacete. No está mejor que yo, por mucho que le hayan recomendado los lácteos antes que las bebidas espirituosas. ¿Quién se puede resistir a ese adjetivo, "espirituosas"? Yo, no. Vila Matas, sí. 

Diarios de Albacete (1)


 

En la Plaza de la Catedral tocan "Que viva España" (luego me entero de que se trata del mitin de Vox). Cada vez escribo menos. La cabeza no me funciona como antes de la tragedia. Todo el tiempo estoy pensando en huir, en buscar alternativas que me saquen de casa y lo peor o lo mejor es que las encuentro. Salgo por inercia, igual que antes me encerraba en el despacho por otro tipo de inercia, la de la rutina. También me han cambiado los gustos literarios. Me asomo a autores conocidos que, ahora, me repelen; o al contrario, otros a los que no tenía en gran estima me atraen y me deslumbran, hasta cierto punto, porque todo, el cine, el teatro, la literatura, se ha vuelto más anodino con la edad y los pesares. Y no me explico por qué tenía mala opinión de algunos de ellos (no, con Máximo Huerta, no me ha pasado). Eso sí, igual que me ocurría antes, no puedo salir de fiesta con gente brava porque me lanzo al alcohol con ansia viva, con desesperación. El único consuelo es que esta tendencia a la desmesura, hacia las barras de bar, no es nueva, no es producto de mi soledad. 

¿Es tan difícil alejarse de todo, de tu entorno conocido, de tu familia,  de tus antiguos amigos, de tu espacio de convencionalismos? Sí, lo es, por muy cochambrosa que fuera esa convención. Al fin y al cabo he dejado un erial, tampoco he abandonado ningún paraíso, ni mucho menos. Y, a pesar de todo, a uno le cuesta arrancar desde cero (y más a estas edades). Rodar barranco abajo es peligroso, complicado, pero también inquietante y renovador. Antes yo tenía con Eva una serie de rituales que nos estabulaban, nos mantenían en un espacio seguro, a salvo de sorpresas estruendosas (fíjate qué paradoja, el cáncer), sin abismos, sin torrenteras, sin sobresaltos. No es que me haya arrojado a la vida bohemia, ni a la anarquía absoluta, pero sí he trasmutado casi todos mis hábitos. 

En muchas ocasiones imagino lo que habríamos disfrutado los dos viviendo en una ciudad como estoy haciendo ahora. En parte no la disfruto del todo porque caigo en lo bien que se lo habría pasado en este concierto o en esa película o en aquella obra de teatro. Estoy con ella, pero ella no está. Me compro una camisa y por la noche sueño que Eva me afea la compra. Ahora mismo estoy en un bar que a ella le habría encantado para tardear, algo que empezamos a hacer demasiado tarde y en un lugar inhóspito para el alterne, mi pueblo. Escribo con un bolígrafo suyo en un cuaderno que ella compró. Lo guardo en un macuto que ella me regaló y me bebo el vino que ella habría bebido.

Qué diferentes son los camareros de La Botica de los que dominaba doña Rosa, la propietaria del café de La colmena. Cela es un autor al que le estoy sacando más jugo ahora. ¿Por la mala leche, por su humor negro, porque está muerto, por sus sentencias? "La gente es cobista por estupidez". Lo del cobismo es algo muy vigente en nuestra actualidad. Somos cobistas hasta la náusea, a lo mejor es que somos cada vez más estúpidos.