domingo, 25 de octubre de 2026

Un simpa




Estorbo en todas partes. En los bares, ocupo mesas donde podría haber más de una persona, nadie me invita a la suya, soy transparente. Miro el móvil, no porque tenga que consultar mensajes importantes, llegados del más allá, sino para disimular y no estar observando continuamente a quienes tengo a mi alrededor. Solo noto que no soy carne momia porque las camareras, de vez en cuando, se dirigen a mí por si quiero otra cerveza. Nadie a mi edad sale ya solo de su casa, soy un espíritu temerario. “¿Está ocupado el taburete? No, no, lléveselo”. Esta ha sido la conversación más larga de esta tarde. Escribo, claro que escribo, porque no tengo otra cosa que hacer. Iba a ir al cine, pero ¿para qué?, mejor observar al mundo desde esta atalaya inconsecuente. “No, para dos tendrían que esperar un poquito “. Yo podría irme y dejarles la mesa, la verdad es que me da igual estar aquí que en el sofá, pero me quedo, no abandono, solo por joder. Creía ser mejor persona, pero no, uno disfruta todavía frustrando las ilusiones de los demás. Inauguro casi un bar por semana, me gusta cambiar, no por nada, solo por no encariñarme con el mobiliario.
Es curioso, en tres días que estuve en Cádiz, trabé más conversaciones que en cuatro años en Albacete. ¿Será Albacete una ciudad finlandesa? Quizás sí. Rubios veo pocos y nieve menos. A Kaurismaki aquí no lo conoce nadie (es posible que en Helsinki tampoco, no lo sé). La verdad es que los bares de las películas de Kaurismaki no se parecen en nada a los que van abriendo en Albacete, bueno, sí, el hieratismo de algunos de sus camareros sí parece parodiar las escenas del director finlandés.
¿Y si me voy sin pagar? No, no es por racanería, sino por darle emoción a mi vida. ¿Saldría el camarero-androide tras de mí? ¡Qué vergüenza! Bueno, seguro que toda esa gente que no ha reparado en mí en todo el tiempo, fijaría su atención en el delincuente al que llaman los camareros… Hostias, sí … ¡voy a hacer un simpa!

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